Un hombre y la historia: Fidel

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mgonzalez@enet.cu 

Ya no se le escucha ni se le ve como antes, vestido de verde olivo, con el andar seguro, con la mirada inquieta presta a superar el horizonte; su voz no es igual a otros ayeres, pero está ahí,  como siempre, inmediata y parte de esa estatura de gigante arropada de firmeza y saberes.

Para algunos, un enemigo en potencia, alguien que ha sido blanco de planes para propinarle la muerte, odiado y acusado del infortunio de aquellos que nunca aceptaron la Cuba que nació el primero de enero de 1959.

Para otros, un estadista de talla sin par, un corajudo,  un hombre bendecido por la suerte, que escapó de la muerte asegurada por los organizadores del crimen perfecto.

Periodista por vocación, dueño de la palabra y del verbo vital, para reverenciar la paz y arremeter contra la injusticia.

Testarudo por su raíz gallega, que más de una vez puso a prueba en tamañas osadías que lo supieron en franco desafío a las adversidades, a ciclones, a la amenaza.

Ahí está Fidel, el hombre que cristianos, católicos y babalawos amparan en sus distintas maneras de desear el bien, ahí está el líder que millones de seres humanos en el planeta respetan y reconocen, quien dio la oportunidad de aprender y cultivarse a los inmensamente pobres y asume para si la canción de Silvio Rodríguez El Necio por esa voluntad resuelta de no renunciar a lo que ha sido y es.

Ahí está Fidel, el hombre que asaltó la esperanza, aquel que los curas del Colegio de belén vaticinaron  tenía madera, y no dudaban que de él nacería un artista, ahí está marcando más de ocho décadas de existencia, como ese sabio padre que admira, observa y aplaude la ruta de todos su hijos, en esa perspectiva martiana de consagrase siempre a la nación, porque patria es humanidad.

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