Testimonio de la soprano Lucy Provedo

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Foto: Michael García Pérez
Yo conozco personalmente a Esther gracias al maestro Luis Carbonell. Yo recibía clases de actuación con un profesor muy bueno, ya desaparecido, Pepe Vázquez, muy amigo de Luis Carbonell; entonces él le dice a Esther que había conocido a una muchacha joven que estaba empezando a cantar y que le gustaría que la escuchara y la presentara en el Álbum de Cuba. Fue así como en el año 1973, hice mi primer programa de televisión que fue Álbum de Cuba, precisamente.

Hacer el Álbum de Cuba era como asistir a una clase. Como el programa salía en vivo, había que estar en el estudio desde la una de la tarde y este empezaba a las 8 de la noche. Después que te maquillaban y demás, empezaban el ensayo con cámara, con la voz para doblar, porque se grababa con la orquesta del ICRT, y al quedar muchas horas para que se iniciara el programa, teníamos la oportunidad de hablar con Esther.

Yo le preguntaba muchas cosas. Un día le dije: “Esther usted tiene una forma de mover las manos, los brazos en la escena, que a mí siempre me ha llamado la atención, porque ese movimiento, ese apoyo de usted le da a lo que está expresando, viene tan bien con el texto”. Entonces me contó que había tenido un profesor que le dijo que las manos y los brazos eran como palomas, que se debían dejar volar. Me recomendó que me parara frente a un espejo cuando estuviera montando una obra e hiciera movimientos muy espontáneos con los brazos y las manos, pero siempre muy acorde a lo que yo estaba cantando. Empecé a tomar aquello como si fuera una clase y me hizo mucho bien pues de esa forma puedes darle un mayor énfasis a lo que estás diciendo musicalmente y con el texto.

Pasaron los años, continuó nuestra amistad. Yo tengo el privilegio de saber que Esther es mi amiga y de que yo soy su amiga. Ella siempre estaba dispuesta a participar en un concurso como jurado o escuchar nuevas voces. Y como vivimos relativamente cerca, a veces a ella la recogían primero y después a mí; ella guiaba al chofer hasta llegar a mi casa y cuando me recogían primero, yo hacía lo mismo.

Considero que Esther tiene un don especial para decir la canción. Algunas personas piensan que solo cantó la música cubana, pero no fue así, Esther cantó líder de Brahms, música española, canciones francesas, pero se dedicó más a cultivar la música cubana, rescató muchos repertorios que estaban prácticamente olvidados. No solo interpretaba música de Lecuona, de Prats o de Roig, ella hacía cosas de Villalón, de Sindo Garay, de Sánchez de fuentes, por ejemplo. Yo creo que el repertorio de Ester, en cuanto a música cubana se relaciona, es uno de los más vastos.

Esther tiene muchas virtudes como intérprete y como ser humano, pero una de las cosas que más admiro en ella, es el amor hacia su familia. Adora a sus nietos, adora a su hija. Creo que no había una conversación del tema que fuera en que no saliera a referencia alguna anécdota con algunos de sus nietos, o algo relacionado con su hija. Yo pienso que la persona que quiere a los suyos, ya tiene ganado el respeto y la admiración de todo el mundo.

En la actualidad, ella está muy enfermita, pero si yo pudiera hacerle llegar mis palabras de admiración, de una manera muy sencilla y convincente para ella, sería diciéndole: “Esther, te queremos y te admiraremos siempre, como ser humano y como intérprete”.

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