Robert, la lámpara y la luz

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“Si cada uno tuviera una vela y fueran juntos las diferencias desaparecerían”

                                                                                                           Rumi 

-Eres un muchacho hermoso-, fue la primera frase que le dije en cuanto lo vi, y les aseguro que estaba siendo totalmente sincera.

-Creo que estás más ciega que yo,- respondió risueño.

Fue así como comenzó mi primer encuentro con Robert Rodríguez Fernández, un joven de San José de las Lajas, quien es desde el punto de vista clínico un débil visual o ciego legal. Sin embargo, sus ojos, increíblemente brillan y cantan.  

“Es de nacimiento”. Y con esa frase encabeza la historia de sus 21 años, que casi es una fábula sobre la vida y la esperanza. “Es un padecimiento progresivo, que con el tiempo va degenerando el nervio óptico al punto, que podría quedarme sin ver absolutamente nada. Yo soy una de las pocas personas en el mundo que todavía puede ver a pesar de esta enfermedad. Sigue contando, y siento que en realidad puede ver mi cara iluminada por su conversación y el sol que se colaba en la salita de su casa a esa hora de la mañana.

“He perdido la visión gradualmente”. Revela sin una pizca de temor o de tristeza. Todavía puedo ver gracias a la ozonoterapia, un tratamiento que me ha llevado incluso a recuperar visión, a pesar de que me pronosticaron en 2008, que en 2009 estaría ciego totalmente.

-¿Pero, puedes ver algo?  Le pregunté, porque el valor que muestra me abre el camino para descubrir su vida.

Yo distingo las cosas, pero si están muy cerca. No tengo vista céntrica, veo más bien en forma de cono hacia los lados.

Robert me habló también de su primera escuela la Abel Santamaría de Ciudad Libertad, en La Habana.

“El Braille lo aprendí en la escuela Especial Abel Santamaría de Ciudad Libertad, La profesora Odalis me lo enseñó siendo yo muy pequeño como si fuera un círculo de interés. En sexto grado había perdido mucha visión y entonces comenzaron a enseñármelo en la escuela, pero ya me faltaba poco por aprender, gracias a ella”.

Intuí por la expresión de su cara que aquellos fueron los días más felices de su vida. Su mamá, suerte de Lazarillo, o más bien capitana de su batalla por superarse le inculcó que la vida es bella, y es deber conquistarla y disfrutarla. A pesar de las dificultades económicas que enfrentaban en el hogar vencieron los dos juntos los contratiempos que implicaba viajar diariamente hasta la capital, y muchas veces con la cartera vacía.

Al concluir la Primaria Robert, debió continuar sus estudios de la Enseñanza Media en una escuela de su pueblo donde fue muy bien acogido por los nuevos profesores y los compañeros.   

“Yo empecé la Secundaria aquí, en Ignacio Agramonte. Nunca tuve buenas notas en Matemática por lo que explicaba. Lo que me favorecía es que solucionaba sin dificultad los problemas, por tanteo, como dicen los profesores. Yo con apenas dos o tres cálculos mentales hallaba la solución mediante el tanteo. El trato por los profesores fue muy bueno. Ellos se empeñaron en crear medios para ayudarme con las asignaturas, pero el problema mayor fue con la Matemática. Y es que en Mayabeque no hay especialista en Braille y en el Secundaria Básica hay contenidos más complejos”.

“De mis compañeros de la secundaria y el pre también, recuerdo siempre un buen trato en la escuela, incluso muchos de ellos vienen a mi casa a verme y a veces voy también a verlos.”

El muchacho que tenía frente a mí prescindía de la capacidad visual indispensable para enfrentar los estudios, es verdad. Pero también es cierto que la naturaleza había sido menos cruel con él porque lo había dotado entre muchos talentos, de una inteligencia peculiar y de una dosis superlativa de perseverancia.

“Aprobé las pruebas de ingreso para ingresar en la universidad, con bastante trabajo, pero sí, las vencí. Comencé, aunque no quise continuar la carrera porque era Psicología, y lo que a mí siempre me gustó fue la Informática. Pero no podía enfrentarla porque asimilar la Matemática hubiera sido sumamente difícil para mí, sin un especialista en Braille”.

Robert aprendió a desentrañar los misterios de la Informática  frente a su computadora. Hizo suyas las herramientas que los diferentes programas ofrecen a las personas como él, y a diferencia de lo que le ocurre a la mayoría, encontró la manera de dominar la máquina, de aprovecharla en su crecimiento intelectual y, sobre todas las cosas en el bien de la comunidad de ciegos y débiles visuales.

“Yo soy el profesor de Informática en un aula que va a habilitar la Asociación Nacional de Ciegos y Débiles Visuales (ANCI) de Mayabeque, aquí en San José de las Lajas. Recibí la capacitación y estoy preparado para impartir un programa a partir del sistema Joss en Window 7”.

Era fascinante lo que me contaba por el entusiasmo que ponía en cada sílaba. Se frota las manos mientras dibuja el futuro donde se ve enseñando, compartiendo, viviendo

“El programa Joss lo instalé en el preu universitario Raquel Pérez, pero el principal tropiezo para su uso es que se puede utilizar mejor en el sistema Window 7 y no es ese el que tienen instalado, sino el XP que es mucho más trabajoso para el discapacitado visual porque no tiene los atajos de teclado, y el Joss es un programa que se basa fundamentalmente en eso. Tiene un lector de pantalla que da señales de voz y va narrando todo lo que hace el navegador, es como un narrador literalmente, incluso permite a un ciego trabajar con el Power Point. Ese programa le permite al profesor impartir las clases a Adriel, un alumno ciego que está en la escuela”.

“Ahora tengo unas ansias de trabajar enormes. Todavía no contamos con el presupuesto para el montaje del laboratorio pero mi sueño es darles clases a los discapacitados de toda la provincia para mejorar su calidad de vida lo más que se pueda”.

“Ahora lo que tengo pensado es proponer a ETECSA un pequeño cambio en el portal de recarga, debido que varios discapacitados han tenido problemas para acceder al servicio porque esa página está configurada totalmente en inglés, de modo que los lectores de pantalla la leen en ese idioma y entonces el código de confirmación, como es una foto, no es leída por el lector y entonces el discapacitado visual no puede confirmar la recarga”.

Tras introducirme en su mundo virtual aterrizamos en un asunto más terrenal que tiene que ver con sus costumbres, el hogar, la familia.

“Salgo muy poco. Vivo delante de la computadora todo el tiempo, ese es mi hobby. Me la paso inventado cosas, no solamente para mejorar mis habilidades, sino para enseñarles algo nuevo a otros discapacitados. En la casa hago mis trabajitos y lo que gano lo pongo en la casa. Ah, y cuando se va la luz aquí no hay problemas yo encuentro las cosas sin problemas”.

Su mamá intervino para subrayar la sensibilidad que tienen las manos del hijo. Contó que distingue al tacto la calidad de cualquier objeto, incluso es capaz de reconocer por la textura los diferentes tipos de papel moneda.

Averigüé por sus miedos y confesó que solamente lo turban las avenidas grandes y el ruido ensordecedor de los automóviles. Robert también habló de sus amigos, del tiempo y su valor, y regresó al sueño de su vida: ser maestro.

Crear y descubrir los mundos del conocimiento es su ambición permanente. Sabe cómo andar el camino de la sabiduría, una ruta en la que jamás se ha sentido solo porque supo interpretar que la lámpara no es la luz, sino él mismo y los demás.

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