Patricio Martínez, corresponsal de corazón y alma

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Es probable que muchos en San José de las Lajas no conocieran a Patricio, tal vez algunos le recuerden, pero de lo que si estoy segura es que para Radio Camoa, Patricio Martínez, más que el asiduo corresponsal voluntario fue el amigo cabal.

 

Llegaba a la programación informativa cada mañana con el acontecer de Melena del Sur, uno de los once municipios de la actual provincia Mayabeque, siempre con la voluntad de los que deciden por las sumas y no las restas, con detalles de hechos históricos, curiosidades o sus propias vivencias, esas que resultaron lecciones de vida.

Una voz peculiar apartada de los más exquisitos rigores pero cargada de pasión, manifiesta en la búsqueda de la noticia y en el compromiso diario de revelar el hacer de los meleneros irrumpía en la radio revista Enlace; más allá de cualquier anticadencia, estaba el mensaje y también la luz de quien desafió años y lejanía, para imprimir en el éter radial la impronta de aquel momento.

Patricio vivía en el municipio Cotorro de la capital cubana, sobrepasaba los 60 años y viajaba diariamente a Melena del Sur, era corresponsal de corazón y alma, un hombre que amó la radio y tuvo para sí el sentido diarista en esa labor.

Un día dejó de hablar para la radio, alguien precisó que su voz no era audible, que no cumplía con los parámetros establecidos para los hablantes en este medio de comunicación y comenzó a apagarse y así a dejar de reportar.

Más de una vez dejó sus apuntes para que otros dieran vida a su búsqueda informativa, continuó sus viajes, resuelto a su compromiso de corresponsal hasta que la salud se lo permitió.

Esa manera de vivir el tiempo apretado muchas veces nos hace seguir el camino sin detenernos lo suficiente; ahora cuando hablo de Patricio no puedo evitar detenerme en aquel hombre bondadoso, siempre afable, a quien antes califiqué de corresponsal de corazón y alma y pienso entonces cuánto significó dejar de hacer aquel trabajo netamente voluntario al que tanto se consagró.

Han pasado años y ya Patricio Martínez no está, siento la deuda infinita por el homenaje postergado y la satisfacción de haberle conocido;  tengo para bien su impronta, esa que consigna cuanto obran el amor y la vocación en ese empeño de hacer como el Sol, iluminar con luz propia.

 

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