Para los educadores siempre el mayor homenaje

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“Lucharé con los que me oyen por el adelantamiento de la literatura y el mejoramiento del espíritu, y en el largo combate pondré sin dudas muy escasos méritos, pero sin dudas también pondré una voluntad enérgica, un cerebro lleno de patrióticas inquietudes y un joven corazón lleno de amores.”

                                                                                                                          José Martí.

La celebración del día del educador en Cuba marca un acontecimiento de trascendental importancia, la culminación de la Campaña de alfabetización en 1961, en que Cuba se declaró territorio libre de analfabetismo.

Desde entonces cada año, el mes de diciembre trae consigo el homenaje a quienes día a día influyen en la formación de las nuevas generaciones, quienes contribuyen a la apropiación de conocimientos y la aptitud para hacer un buen camino en la vida.

Educar desde las aulas no es tarea sencilla, se trata de enseñar a aprender, de acentuar valores inscritos desde el hogar y fortalecidos a diario en las aulas, donde estudiar se hace la tarea de primer orden.

Un maestro o maestra siempre ha de ser símbolo, ejemplo, cual espejo donde han de mirarse sus discípulos a fin de apertrechar los mejores modales que les permitan empinarse como personas de bien.

Enseñar es un arte, requiere de mucho corazón, máxima entrega y sensibilidad, un buen maestro deja una huella para toda la vida en sus alumnos, los hace seguros y diestros.

Este día es significativo para la familia cubana, es como un ciclo, todos en distintos momentos pasamos por las aulas, solo el paso del tiempo nos permite evocar nuestros años de estudiantes y es por eso que cada quien insiste en que sus descendientes sean mejores, que aprovechen las tantísimas oportunidad a favor del saber.

A la memoria acuden esas maestras y maestros símbolos, que nos regalaron su sabiduría, nos condujeron por la ruta de los perseverantes y nos enseñaron que el saber no ocupa espacio, sino que nos titula para crecer desde el alma y la inteligencia.

Hoy cuando aún la inclinación por el magisterio no signa el interés en la mayoría de los estudiantes, pienso que todavía, no hemos interiorizado su total importancia, ser maestro es una actitud altruista, su grandeza está en ser raíz, en ser preámbulo en iniciar el ascenso por el camino del conocimiento, sin buenos maestros no existieran los buenos médicos, ingenieros, obreros, investigadores.

Es desde las aulas que se labra el futuro, es desde la sapiencia de los educadores que se nutren los educandos, he ahí una razón para ese homenaje que no puede ser de un día sino de todos porque su hacer es para toda la vida.

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