Más allá de una fecha, el homenaje perpetuo

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Al despertar cada mañana lo primero que recibo es el beso de mi madre; qué sería de mi vida sin su presencia. Es la fuerza que me impulsa hacia los buenos senderos, quien comparte mis alegrías y tristezas, mis fracasos y mis triunfos.

Regalarle el tesoro más valioso del mundo no lograría recompensar el cariño y el amor que diariamente me da y la seguridad con la que vivo.

Desde que escuchó mi primer llanto y el latir de mi corazón, desde que me observó pequeñita, arrugada, chillona quedó embobecida con mi existencia y decidió ejercer esta dura profesión, sin descanso, un oficio gratuito sin días libres ni vacaciones.

Mi madre día a día me da cariño, me comprende y me ayuda aunque este de mal humor; siempre me aconseja, se preocupa por mí y quiere lo mejor para mi futuro. Desea que salga bonita a pasear, que me divierta y relacione con agradables personas. También que goce de buena salud, obtenga magníficas calificaciones y disfrute con mis amistades, me previene del peligro y rectifica lo mal hecho y acerca a lo bueno.

Ella me entrega todo su amor, todo el tiempo y vida sin esperar que lo agradezca.

Entonces justo un día después del segundo domingo de mayo, más allá de esa fecha que signa el homenaje, te regalo todo mi amor, un beso y por siempre te digo: gracias Madre.

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