Martí y yo juntos para siempre

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Desde muy pequeña forjé en mi espiritualidad una dimensión del hombremás inteligente del mundo. Ese para mí es José Martí.

Con su tranquila apariencia y su mirada apacible en esas fotos, queaparecían en el aula y en los libros, me apoderé de él para que meacompañara en mi recorrido por la vida.
Si de alguien aprendí buenas prácticas fue del Apóstol. La lectura de“Bebé y el señor Don Pomposo” me ayudó a compartir todo lo que teníacon los demás, despojaba el egoísmo recordando lo que saltaba en laslíneas de aquellos cuentos maravillosos que me leía mi papá.

Cuando me leyeron “La muñeca negra” me eché a llorar “porque no erajusto lo que le hacían a la pobre”, me contaba mi padre que disfrutabasentarse conmigo cada tarde a leerme “La Edad de Oro”.

Y hoy reflexiono en cuánta enseñanza guardan esas historias, permeadasde una ternura infinita por los más débiles y necesitados. Encualquier niño nació, estoy segura, una gran sensibilidad después deinterpretar la relación de la niña con la muñeca.

También de pequeña recitaba de memoria los versos sencillos, lostarareaba y me encantaba la magia de la rima que lograba la bellacadencia. Ya en la secundaria supe que en esos versos estaba el propioMartí con sus sentimientos más íntimos.

Conocí de la relación que tuvo el Maestro con María, la niña deGuatemala, y sentí al Martí humano más  cerca, lo imaginé culpándosepor la muerte de aquella jovencita que se enamoró locamente de él. Loverifiqué entre dos mujeres; una, la esposa que nunca lo comprendió yla otra, una joven apasionada y rendida ante su verbo exquisito.

Y ya adulta memorizaba muchos de sus apuntes. Recuerdo aquel quedecía:   “Sucede casi siempre que las relaciones que el amor comenzó,terminan por no tener más lazos de unión que el del deber…”. Del Tomo21 de las Obras Completas. Cuando mi hija se hizo adolescente se lorepetía una y otra vez para que escogiera bien a su pareja y no
tuviera prisa en contraer matrimonio.

¡Cuánta sabiduría cupo en solo 42 años de vida! José Martí sigue a mi lado, en cada jornada con mis seresqueridos, en mi oficio de reportera, en mí andar por los senderos dela vejez. Y estoy segura que me acompañará hasta el fin de mis días,cuando la muerte asome y yo no sienta miedo de partir, tal como lohizo ese, mi gran amigo, subido en su caballo Baconao.

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