La amistad desde la prédica martiana

A diario corroboro la vigencia del pensamiento martiano en todos los órdenes de la vida, es como descubrir que lo que escribió José Martí en otro siglo llega con tamaña frescura hasta nuestros días. 

Hoy quiero detenerme en la amistad, ese sentimiento profundo que, trasciende épocas, distancias y hasta los más aterradores barrotes que privan la libertad. Por esa razón me detengo en una historia que nos conduce hacia Fermín Valdés Domínguez y el mexicano Manuel Mercado.

La amistad entre Valdés Domínguez y Martí data desde sus años infantiles y prosiguió a lo largo de sus vidas, anudando vivencias muy fuertes, de esas que hermanan para siempre como la cárcel, el destierro y el exilio

Con Manuel Mercado se remonta a la juventud, cuando José Martí tenía 22 años; al llegar a México después de su primer destierro en la península.A partir de ese momento comenzó entre ellos una inquebrantable amistad sostenida por el género epistolar que durante dos décadas marcó el franco intercambio de afectos y experiencias fraguados por la sinceridad y la lealtad mutuas.

Los verdaderos amigos, son esos que no creen en distancias, en obstáculos ni impedimentos, van más allá de fronteras, porque responden a principios y lazos indisolubles para toda la vida.

Tener un buen amigo, es un sano privilegio que debemos aprender a cultivar desde nuestros primeros años de vida, es menester inculcar a nuestros hijos su valía y con ella la sinceridad, lealtad, y respeto.

La profunda amistad que Martí sostuvo con Valdés Domínguez y Mercado está latente en momentos extraordinarios de su vida; baste recordar que los trámites de documentación para su boda con Carmen Zayas Bazán, estuvieron a cargo de Fermín en La Habana y Mercado en Ciudad México.

El mayor testimonio que revela la fe en la amistad se aprecia en la carta inconclusa de José Martí a Manuel Mercado

A su amigo dedicó sus últimas palabras, antes de partir al combate, compartió sus añoranzas y la certeza del peligro que enfrentaba, el amor a la patria y su visión de la realidad que se avecinaba quedaron plasmadas en esa última carta escrita en la manigua.

Llega hasta este tiempo ese legado de José Martí que nunca ha de perderse, la amistad va más allá de esa palabra que en ocasiones por rutina repetimos, es profunda y requiere de un océano de amor, es imprescindible en la vida para forjar la historia cotidiana, lo elemental es saber elegir amigos y no equivocarnos, en esa certeza descansa que perdure y trascienda distancias, épocas e idiomas.

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