Juntos ¡Hasta la victoria siempre!

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Nueve jornadas han parecido pocas para todas las demostraciones de respeto y admiración al Comandante en Jefe. El pueblo siempre reconoció que para él no habría un adiós sino un ¡Hasta la victoria siempre! Y para hacer valer tal sentimiento se coreó incansablemente en toda Cuba entre las multitudes una frase tajante que advierte la presencia de Fidel en el futuro: YO SOY FIDEL

El Comandante en Jefe reposa ya en Santiago después que toda Cuba fundiera con él saludos, compromisos y esperanzas al paso por cada punto del impresionante recorrido por toda la carretera central en jornadas llenas de sentimientos encontrados.

Al dolor por la ausencia física del líder de la Revolución cubana, se unió la satisfacción por su entereza y decisión inclaudicables frente a los adversarios.

No recuerdo hecho semejante en que el dolor se mezcle con el regocijo y el orgullo como en este caso de tal forma que lo aleja de todo lo habitual, y resulta imposible despedirle.

De nuevo me doy cuenta de su controversial naturaleza y de esa suerte para que las cosas con  él sean diferentes.

La gente no quiso despedirlo y seguro estoy que no lo hará, ya lo han ratificado incansablemente y cada cual se adueña del espíritu indomable de su Comandante.

Al darle abrigo en los corazones le devuelven la vida en cada uno, para que no se vaya, para que permanezca ahí, para seguir con él a todas partes.

Sin dudas, una dicha inusual junta al hombre de talla irrepetible con un pueblo a la altura de su tiempo, haciendo de esta coincidencia un hecho singular, inconcebible para los intolerantes, increíble para los que prefieren la comodidad y absurdo para los que no aceptan sus ideas.

Por eso hoy Fidel deja ardiendo la arena de la filosofía moderna y pone a sus detractores una tarea difícil de resolver, si se trata de explicar esa interrogante que los cubanos responden con tanta veracidad cuando se pregunta qué tiene Fidel. 

Su dedicación a la causa justa de los pueblos no estuvo nunca inspirada en la búsqueda de méritos personales. La grandeza alcanzada se le otorga a la valía de sus actos por lo pertinente de las soluciones a los problemas de la humanidad, generados al paso de la historia.

Su desinterés por reconocimientos y méritos personales lo acaba de patentizar con la decisión de que su nombre no sea usado  para distinguir lugares públicos, ni que en su honor se erijan  monumentos ni otros símbolos que lo enaltezcan como personalidad, lo que constituye una muestra ejemplar de su modestia.

El pueblo cubano y todo el mundo, sabe que Fidel merece cualquier gesto de respeto y agradecimiento que se le quiera hacer en cualquier parte.

Pero a la vez sabemos que no es necesario diseñar para él ninguna estatua ni obra artística que realce su figura, porque se sabe y se sabe muy bien, que ya Fidel esculpió a través de su existencia toda, un monolito inquebrantable junto a este pueblo que le impide la partida, porque seguirá cabalgando junto a él HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.    

 

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