El valor de una sonrisa

educación en Cuba, tomado de Granma.cuCada mañana un acontecimiento pasa inadvertido ante nuestros ojos. Me refiero a la entrada de decenas de miles de niños a la escuela. Lo vemos como algo tan cotidiano que no nos percatamos de su relevancia, tampoco en la tarde cuando regresan a sus casas con su peculiar sonrisa, cargados de libros y futuro.

No pensamos en el sacrificio del pueblo, la Revolución y su Partido para hacerlo posible, a pesar del bloqueo económico, financiero y comercial que mantiene Estados Unidos contra Cuba. El costo es alto. Tras ese derecho a instruirse de manera gratuita hay millones de pesos que el estado cubano destina a la enseñanza. Sin embargo, percibimos la educación como algo tan común desde enero de 1959, que no deparamos en su grandeza.

Cada año el presupuesto asignado a ese sector crece, como crece el número de estudiantes de todos los niveles de enseñanza del país; para hacer posible esa sonrisa mañanera, sin importar si los padres son revolucionarios o no; simpatizan o no con el proyecto social emprendido; el color de la piel o nivel de vida. Lo que verdaderamente importa es el ser humano.

Yo, como todos, fui niña y recuerdo con claridad la escuela primaria Camilo Cienfuegos Gorriarán, su claustro de profesores y auxiliares, el amplio patio lleno de pinos y las aulas.

Hoy veo cómo mi hija asiste a la misma escuela, devenida una de las instituciones escolares de la enseñanza primaria de la capital de Mayabeque con mejores condiciones para asumir cada curso el proceso docente educativo; veo a niñas y niños felices, vestidos de completo uniforme decir cada mañana ¡Seremos como el Che!

Así vi también crecer a mi generación. Así crecen también quienes viven en el hogar para niños sin amparo familiar, porque en Cuba todos tienen derecho a recibir una educación digna.

Los veo libres en su andar camino a las aulas, con esa sonrisa tan propia de la edad que me cautiva y alienta. Tal vez algún día sean maestros que retribuyan con los conocimientos adquiridos a otros niños, adolescentes y jóvenes de Cuba u otro país; o técnicos, ingenieros, médicos, periodistas, en fin profesionales de bien.

Mientras, tengo la dicha de ver también a mis hijos entusiasmados hacer sus deberes en casa, soñar y aprestarse el siguiente día para llegar temprano a la escuela cogidos de la mano y las mochilas llenas de enseñanzas; felices, diciéndome sin palabras que es preciso tener conciencia del valor de sus sonrisas y la necesidad de defenderlas a toda costa. Esala responsabilidad

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