El tiempo libre y los momentos de hobby

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Establecer los límites y la naturaleza del denominado tiempo libre ocupa a la gente desde siempre. Incluso, en las históricas luchas obreras por reducir la jornada laboral a solo ocho horas, estaría la necesidad de descansar otras ocho y de contar con “un tiempo otro” para resolver otras cuestiones.

Se supone que el tiempo libre se ocupe con aquellas tareas y necesidades que no tienen que ver directamente con el contenido laboral, desde el punto de vista profesional. Es famoso el chiste sobre el intelectual que lee un libro. El vecino le pregunta: ¿Qué? ¿Descansando? “No, trabajando”, responde.  Unas horas más tarde, el intelectual, azada en mano, limpia de malas hierbas su jardín. Vuelve el vecino: ¿Qué? ¿Trabajando? “No, descansando”, riposta el hombre.

El tiempo libre reúne los instantes del hobby de cada quien. El oficio y el entretenimiento no tienen por qué coincidir. Deben ser totalmente distintos. Un actor puede hallar en el cuidado de plantas su pasatiempo. Un trabajador forestal, especialista en semillas, en siembras y en cultivos, halla en las tablas una pasión en sus horas de ocio.

Ocupar el tiempo libre en aquella afición que demanda el espíritu, prepara para la vida, restaña heridas de la cotidianidad, realiza determinadas potencialidades, obra positivamente en la vertiente psicológica, y nos hace decisivamente más útiles en el propio trabajo profesional y en las relaciones interpersonales. 

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