El reto entre la basura y la maravilla

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En un lugar de San José de las Lajas, de cuya realidad quisiera no acordarme, se aprecia hoy limpieza, donde antes persistió un horrible basurero, amasado por la indolencia de unos, la ineficiencia de otros y la falta de recursos, ahora la imagen es otra, gracias al esfuerzo quijotesco de quienes ya reiteran su empeño en cambiar ese sitio.

Se trata de la esquina que antecede a las escuelas Enrique Hart y Eduardo Solís Renté, un lugar que además de la basura rutinaria recibía todo tipo de desechos, escombros, muebles viejos, vísceras de animales, de todo lo que genera pestilencia y atenta contra la higiene, y por tanto, contra la salud.

Ahora, por ese sitio se pude pasar y observar un terreno limpio, que otra vez está a merced de que se cuide, que se sienta como parte de la vida de esa comunidad, porque es parte de ella, es menester que anide el sentido de pertenencia y disciplina para que no se repita la historia.

Es una pena, que justo a la entrada de dos escuelas esté ese basurero como pura bienvenida; un área que marcó a la ciudad capital por el irreverente cúmulo de basuras, que en un momento se tornó pirámide; creo que valdría la pena convertir lo feo en hermoso.

Desde mi punto de vista, valdría la pena darle vida y otra razón a ese lugar; más allá de basurero, bien podía ser un parque, un jardín, un área en la que pudiera quedar manifiesto el talento de los creadores de esta ciudad mayabequense, que cambie para bien y haga placentero ese sitio.

San José de las Lajas, capital con poco tiempo de creada, está llamada a buscar soluciones inteligentes que contribuyan a una imagen atractiva de este territorio que merece también del concurso de todos, del cuidado y la disciplina social.

En un lugar de San José de las Lajas, de cuyo nombre valdrá la pena acordarse, han de sumarse esfuerzos, para que muchos Quijotes defiendan con garras la limpieza, la higiene y así la vida.

No debe ser una mancha en la historia de la ciudad capital el basurero que antecede las escuelas Enrique Hart y Eduardo Solís Renté, créanme puede convertirse en maravilla.

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