Yalili del corazón

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Según la cultura guaraní, Ñamandú es el dios que nace como un árbol sobre la tierra, y que su corazón resplandece y ahuyenta las tinieblas, solamente después de afirmarse sobre las divinas plantas de sus pies, extender sus brazos florecidos y mostrar su diadema de flores y plumas.

Pero de acuerdo a la vida y la experiencia de las madres de Mayabeque de los últimos tiempos, únicamente se sabe de antemano y desde el vientre, si el corazón está destinado a la vida y la esperanza, cuando lo afirma Yalili Hernández Martínez, Especialista de Pediatría con un Diplomado de Cardiología Pediátrica.

Esta doctora de 44 años de edad es de San José de la Lajas y gracias a su sapiencia y su ternura, Yisel Pérez Expósito se estrenará feliz en la celebración del Día de las Madres, este domingo.

Analía y Yalili

Yisel termina de dar el biberón a su pequeña Analía Rodríguez Pérez de poco más de cuatro meses de nacida. Es una bebita rubia de grandes ojos claros que gorjea dichosa mientras fija la mirada en la grabadora de esta periodista. De los días en que ella estuvo entre la vida y la muerte queda solo una pequeña cicatriz en el lado izquierdo de su cuello.

“Es por el cateterismo que le hicieron en el Cardiocentro del William Soler”, recuerda la joven mamá de 21 años. “Todo comenzó cuando la niña tenía poco más de quince días de nacida. Tenía catarrito y la llevé a la Pediatra, en el hospital de San José”.

En un primer momento Analía fue diagnosticada con un soplo en el corazón, de ahí su inmediata remisión al Hospital Pediátrico William Soler, de La Habana. Fue el martes de la segunda semana de febrero, y cada martes allí puede hallarse a la doctora Yalili Hernández.

“Al auscultarla confirmo lo del soplo, y luego del ecocardiograma le prescribí una estenosis valvular aórtica. Es decir, su arteria aórtica, su válvula, estaba estrecha. El gradiente que le tomamos arrojaba que se trataba de una estenosis entre ligera y moderada”.

A partir de ese momento la doctora Yalili, encargada de atención Cardiopediátrica en Mayabeque toma de la mano el caso y vigila con atención la evolución de la menor, que vive en la comunidad Valle del Perú, del Concejo Popular Tapaste, en San José de las Lajas.

Yisel es una mamá inexperta, y aunque para ella su niña está aparentemente sana, confía en la especialista lajera, quien recomienda el ingreso y apuesta por el cateterismo como primer paso para elevar la calidad de vida de Analía.

“Al transcurrir el segundo mes de nacida esa estenosis se tornó severa y tuvimos que tomar una conducta urgente: dilatar la válvula por medio del cateterismo. Este es un proceder menos riesgoso que la cirugía a corazón abierto. Sin dudas se trata de un método que puede ocasionar la muerte, sobre todo, en una bebé tan pequeña. Pero era necesario y yo tenía confianza en el éxito porque quienes aplican este proceder en el William son especialistas bien experimentados”, cuenta la doctora Yalili

El día de la intervención la angustia se reflejaba en la familia, pero la inocencia protegía a Yisel de la incertidumbre y el dolor.

“La niña entró al salón el primero de marzo a las 10 de la mañana. De verdad que en ese momento yo tenía miedo, pero a la vez muchas esperanzas. Demoró allí casi cinco horas, pero todo salió bien. Ya ella cumplirá cinco meses el 15 de mayo y pesa ahora más de catorce libras”. Me dice sonriente la jovencita, y elogió en más de una ocasión a la doctora Yalili y a todo el personal que “tan bien trató a su bebé en el hospital”.

Para la doctora Yalili Hernández Martínez la salud de Analía y la alegría de Yisel, su mamá, lejos de ser un mérito personal es otro triunfo de la Medicina cubana.

“Todo fue así gracias a la red Cardiopediatra del país y la vinculación permanente entre las consultas del municipio donde se brinda atención especializada a la embarazada y al recién nacido. Los mecanismos están creados en Mayabeque, y a ello se debe que me localicen a tiempo y que se pueda encaminar el diagnóstico y el tratamiento en el Cardiocentro del William Soler. Pero el trabajo continúa cuando le doy el seguimiento adecuado a los menores en la consulta creada en San José de las Lajas para esa finalidad”.

“Analía está hoy muy bien” puntualiza la especialista, y yo que veo a la bebé casi a diario concuerdo con ella. “Su mamá la trae cada quince días a mi consulta porque su soplo sigue ahí, y seguirá siendo una cardiópata por lo que tengo que vigilar su gradiente diagnosticado hasta ahora, como ligero”.

 

Con un poco de amor

Luego de completar la historia de Analía, la doctora Yalili me habla de su vida y de su trabajo. Formada en los años más duros del periodo especial, esta mujer evocó a la bendita culpable de su pasión por la Pediatría y la Cardiología Infantil.

“Hice la carrera haciendo la ayudantía una vez a la semana junto a la profesora Miriam Palenzuela en la Facultad Enrique Cabrera, que pertenece al Hospital Nacional y el William Soler. Ella es una mujer maravillosa con una amplia experiencia en la Cardiopediatra, y gracias a ella me enamoré desde entonces de la especialidad. Así que mi proyecto fue el siguiente, me haría médico, luego Pediatra y después Cardiopediatra. Y lo cumplí”.

Luego destacó el papel de la red Cardiopediátrica a casi tres décadas de creada en Cuba, una idea que se consolida en últimos años con el diagnóstico de malformaciones congénitas antes del nacimiento.

“El Grupo Nacional de Cardiología Fetal lo preside el médico Carlos García Guevara en el Cardiocentro William Soler. Cada cierto tiempo él organiza el Taller Nacional de Ecocardiopatía fetal. El último se hizo en Granma, en marzo de este año y se presentó un caso de diagnóstico prenatal de una posible ventana aorta pulmonar, que es algo poco frecuente”.

“Esta vez yo presenté un estudio de los resultados acumulados en Mayabeque en el diagnóstico prenatal de cardiopatías durante los últimos cinco años. Hemos avanzado mucho en ese sentido. Por ejemplo, todos los menores con cardiopatías congénitas nacidos en 2015 y que son tratados hoy en la provincia fueron diagnosticados en la etapa prenatal. Pero tampoco tuvimos fallecidos por esa causa en los últimos dos años”.

La doctora Yalili Hernández es la primera persona en ver el corazoncito de los niños que están por nacer en Mayabeque. Para ello aplica el eco fetal, un método diagnóstico de probada certeza entre las 20 y las 22 semanas del embarazo.                 

“Cuando tenemos que dar la mala noticia a la pareja es bien difícil. Uno tiene que estar bien claro y bien preparado, sobre todo, a la hora de orientar y asesorar. Explicar bien la cardiopatía del feto y la repercusión posterior en su calidad de vida es clave. Dentro de las malformaciones detectadas antes del parto, las de corazón son muchas veces, las más graves. Es algo de gran impacto en el país, porque se redujo la mortalidad infantil asociada a esa causa, ya que los cardiópatas fallecen en el momento del nacimiento o en el primer año de vida”.

En Cuba para servir a los míos

Al preguntar a la gente por la doctora Yalili se escuchan solamente elogios y frases de agradecimiento. Se trata de la imagen construida con todos y para el bien de todos por ella misma, una mujer que posee la rara condición de reunir en sí misma muchas virtudes a la vez. Si hoy su huella embellece el imaginario popular se debe al rastro que dejan sus buenas obras como profesional de la Salud Pública, de Mayabeque.

“Llegar hasta aquí no fue cuestión de suerte, sí de empeño, lo puedo asegurar. Después de la carrera de Medicina General Integral, estudié tres años para hacerme Pediatra. Fue muy duro, así que pospuse la maternidad. Tuve la niña después y cuando ella cumplió el primer añito comencé el Diplomado de Cardiopediatría, en el Hospital William Soler de La Habana. Imagínate, tenía que dejarla muy temprano y no regresaba hasta tarde. Luego vino el entrenamiento en Ecofetal que requirió también de tiempo, de sacrificio. Así que esta historia no fue resultado de la suerte, sino de mucha perseverancia y del amor”.

Así afirma esta especialista codiciada en los grandes hospitales de La Habana por su talento y su dedicación. Pero ella, que puede volar tan alto, prefiere quedarse como las flores, pegadas a la tierra, dando de su perfume a su pueblo y su familia.

“No faltan propuestas para trabajar de manera permanente en el William Soler, pero yo tengo sentido de pertenencia con mi provincia, con mi pueblo. Tampoco es tentador para mí cumplir misión fuera de Cuba. Me gustaría ir a otro país y vivir una experiencia diferente porque siempre se aprende y se ayuda, pero aquí me ata mi niña que tiene 13 años y se llama Patricia Pérez. Es mayor la necesidad de estar a su lado, de acompañarla. También tengo mi esposo, que es el padre de ella, a mi mamá y mi papá, un hermano, sobrinos que también me necesitan. Aunque para ser sincera, yo los necesito más a ellos, porque gracias a mi familia soy quien soy. Siempre he tenido su apoyo para hacer mi trabajo, para participar en eventos, talleres. Mi niña ha crecido viendo todo eso y ella hoy también me apoya”.

“Cuando tengo tiempo, prefiero estar con mi familia, en mi casa. Algunas veces me gusta la soledad, el silencio. También, leer algún libro, ver una película, hacer las tareas domésticas como cualquier mujer”.

– ¿Y la dejan?, dudé en voz alta.

– “A veces sí”. Sonrió. “Pero ya usted sabe, esta es la profesión que escogí y requiere estar siempre al servicio de los demás”.    

A Yalili la vida la premió con un paisaje en calma que puede divisarse en su rostro, en sus gestos, en sus palabras. Son incontables las historias que se cuentan y se cantan en el pueblo sobre su virtud, aunque es enemiga de los superlativos.

“No me considero la mejor. Soy una profesional como otras tantas que ejercen la Medicina en este país. A veces insatisfecha por la cuestión económica como cualquier médico consciente de la pirámide invertida que existe todavía. Yo no sé si es por la formación que tuve, por los genes, o quizás por todo lo que he vivido, pero yo quiero ser médico cubano y en Cuba; estar con los míos, servir a mi gente”.

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