Una proeza con más de 30 años

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 “Fuenteovejuna lo hizo”, así cierra Lope de Vega su clásico drama histórico donde se cuenta cómo un pueblo es capaz de unirse y resolver sus problemas.

Escrita en la primera década de mil 600 el autor destaca el protagonismo de la colectividad y cómo todo es posible para dar felicidad y armonía a las familias de un municipio.

Hasta la actualidad llega la moraleja de la historia de Lope de Vega y aunque aquellos hechos sucedieron en España, el impacto será el mismo en la capital de Mayabeque si todos cooperamos con el delegado del Poder Popular.

Pero ¿debe ser el delegado un hombre orquesta?

Es imprescindible que el elegido para tales funciones dedique tiempo para atender las necesidades de la comunidad, sin importar horarios. Pero no debe hacerlo todo, solo.

Durante más de 30 años quienes han desempeñado la tarea de delegado o delegada han protagonizado una proeza, pues se les ha pedido ser hombres y mujeres montañas capaces de resistir las más duras pruebas: el periodo especial, el recrudecimiento del bloqueo, las agonías de la crisis económica mundial junto a las carencias provocadas por el paso de los fenómenos meteorológicos.

Hay que devolverle al delegado su verdadera dimensión de guía, coordinador de los esfuerzos de la comunidad para solucionar sus problemas, que no son solo los viales, la vivienda en mal estado y el pobre abastecimiento del mercado.

No verlo como el designado para sacar recursos materiales de debajo de la tierra, sino como el gestor de la ayuda de terceros, cuando sea necesario, y el representante de quienes lo elegimos a niveles superiores.

Enseñarlo a desempeñar este papel, darle herramientas para que pueda encauzar las fortalezas de su circunscripción.

Y podamos decir “Los lajeros lo hicimos”.

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