Un sueño convertido en realidad

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Disfruto al  ver  los padres del pequeño Fernando dueños de una felicidad que pareció tantas veces imposible. Ocho años es mucho tiempo de espera para una pareja ansiosa por tener hijos. «La vida no es como uno quiere que sea, pero teníamos este sueño en común.

Los amigos y los médicos nos apoyaron y nos decían que todo esto fortalecía más nuestro amor, pero ha sido difícil porque la angustia, el desespero y la incertidumbre te acompañan todo el tiempo”.

María Victoria mira a su esposo Arturo, y él asiente. «No se imagina usted, periodista, las cosas que un hombre debe entender en este camino. Había que esperar que las técnicas dieran resultado, porque el estrés también afecta, pero uno siempre quiere ser el que no tiene la culpa».

¿Culpa? Repartirla es complejo, porque la ASTENOTERATOZOOSPERMIA (baja movilidad en los espermatozoides) no es una falta de Arturo, y condenar la decisión de prorrogar la descendencia con tres interrupciones anteriores, los involucra a los dos a pesar de que es María Victoria quien padece en carne propia las consecuencias.

Lo cierto es que son múltiples las causas de infertilidad en una pareja, algunas de ellas evitables. Sin embargo, aunque Cuba no lograría saldar la deuda con el bajo índice de natalidad existente en el país mediante la atención a las parejas infértiles, el Sistema de Salud ofrece opciones renovadas cada año gracias a propósitos gubernamentales prioritarios, para que las alrededor de 200 000 parejas infértiles en el país transiten, en busca de una luz, por el sendero de lo aparentemente imposible.

Hoy María Victoria, Arturo y el pequeño Fernando forman una familia plena gracias a la reproducción asistida que se presta en los centros provinciales y  nacionales de Cuba, y se les ve constantemente acariciando un sueño ya convertido en realidad.

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