Un regalo para Eneida

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Eneida se llama una niña pobre que nació en la comuna Arcahaie del Departamento Oeste, en Haití  hace poco más de un año. Es un nombre inusual entre la gente de aquellos lares pero la madre de la pequeña lo pronuncia con alegría.

Repetir la palabra aviva en su memoria el recuerdo de la doctora cubana que le ayudó a parirla cuando perdía las esperanzas de alumbrar a un bebé vivo y sano.

La mujer haitiana no olvida a Eneida Torres Esquijarosa y poner ese nombre a su niñita recién nacida fue la única y la mejor manera que encontró para agradecerle por tanto amor.

La Especialista de Medicina General Integral de esta historia es de San José de las Lajas, y desde el 14 de octubre de 2015 trabaja en la también conocida Tierra de montañas, que es a su vez la nación más pobre del continente americano: la República de Haití.

Y no crean que tenía una experiencia acumulada en Obstetricia cuando entre ella y otra colega se enfrentaron a aquel primer parto, que resultó una batalla difícil y prolongada contra la muerte, contra siglos de abandono, desamparo y olvido.

Pero lo aprendido en la escuela de Medicina Cubana y sobre todo el vivo deseo de salvar a la madre y al hijo les impulsó a obrar bien. El premio fue el llanto de la criatura y la dicha que se pintó en la cara de aquella joven pobre y negra, que agradecía a todos sus dioses por el hecho de estar en manos de los médicos cubanos.

Eneida Torres me contó a grandes rasgos esta fábula que se repite casi a diario en su bregar frente a males más devastadores que el peor de los padecimientos, la ignorancia y la desigualdad. Por el día, cuenta ella, atienden a casi medio centenar de pacientes, muchos de ellos embarazadas con malnutrición y otros males que las hacen vulnerables a la muerte.

En las tardes es el recorrido por la comunidad en una tarea denominada por ellos como clínica móvil. El objetivo es pesquisar enfermedades que se agravan por la precariedad de las casas, la pobreza extrema, y la ausencia de infraestructura sanitaria.

Las personas la reciben con cariño, acceden al examen físico y agradecen por los medicamentos que les deja sin costo alguno. Se saben resguardadas y aunque ignoran las estadísticas son conscientes de que gracias a los médicos de Cuba cada día son menos los inocentes que mueren debido a las infecciones respiratorias, el parasitismo y las enfermedades diarreicas agudas.

La doctora Eneida trabajó en Venezuela durante siete años, esta es su segunda misión lejos de la Patria y de los suyos. En la tierra de Chávez a quien valora como su segundo Comandante, participó en la misión Energética acompañando a los trabajadores sociales en la comunidad, también en la misión Milagro y fue una de las fundadoras de la Misión Barrio Adentro.

Aquella experiencia le hizo enamorarse definitivamente de la humanidad y desde  entonces se deja llevar por un principio que le enseñó Fidel asegura y que la rejuvenece a su 50 años de edad: “El médico no tiene fronteras, trabaja donde se le necesite y bajo cualquier circunstancia su deber es salvar vidas”.

Dentro de algunos meses la doctora Eneida regresará con sus padres, a su San José querido, con su pueblo, a su consulta. Allá en Haití quedará el regalo mayor: la otra Eneida, aquella niñita que un día ayudó a venir a este mundo, y cuyo nombre su madre continuará repitiendo con orgullo y gratitud: Eneida, Eneida.

 

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