Un nido con la marca Havana Club

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En el mismo lugar donde nace y se esparce la tradición de elaborar los añejos oscuros Havana Club más demandados en el planeta, también se cultiva el amor por la naturaleza y por la vida.

Y para no dejar dudas de tal afirmación Esther Díaz Hernández, Especialista de Gestión Económica y líder del proyecto social: Un tilín mejores que impulsa la fábrica de Ron San José de las Lajas, me mostró como un zorzal empolla sus huevos en la maceta ubicada en uno de los pasillos del edificio central. Se trata de un lugar que es el paso obligado para decenas de personas diariamente, pero todo parece indicar que el ajetreo no supone un estorbo para la futura mamá.

Tal y como la ven en esta imagen, permanece la avecilla desde la segunda semana de junio. Ni el flash de mi cámara, ni la conversación con Esther o mis frases de asombro la inquietaron. Más bien estuvo casi indiferente o quizás solamente quería demostrarme que se sentía tranquila, segura.

Conociendo que esta especie habita en áreas boscosas fundamentalmente, llama la atención cómo un ejemplar de esta especie decidió procrear entre las paredes de un sitio concurrido por los humanos. El hecho quizás se deba a que los antecesores de esta zorzal habitan todavía en los alrededores de la fábrica erigida en las tierras rojas de una finca conocida con el nombre de Rabelo, y donde abundaba una vegetación de árboles, arbustos y plantas de diversas especies.

Pero también comparto la teoría de Esther, quién se inclina por la conciencia ambientalista y el sentido de la solidaridad que se arraiga en quienes integran el ejército de trabajadores de esta Ronera.

De cualquier manera, otra historia precedente confirma que la planta lajera atrae de una manera singular a las aves o tiene algo mágico para los animales, así lo asegura Esther.

“Hace alrededor de dos meses un zunzún puso sus dos huevitos en el jardín que está ubicado muy próximo al lugar por donde transitan diariamente alrededor de 200 trabajadores, sin contar los visitantes que llegan constantemente. Pues todo el mundo se detenía a mirar el nido sin molestar a la mamá. Todos seguimos el nacimiento y la evolución de los dos pichones hasta que aprendieron a volar y se marcharon. De esa familia de zunzunes aquí guardamos el testimonio fotográfico, como si fuera el recuerdo de una familia”.

En unos días nacerán los pichones de la zorzal y para entonces continuaré este relato, por supuesto, con la ayuda de Esther. Esta mujer, Económica de profesión es a todas luces una de las madrinas de la nueva familia alada que se fecunda bajo el abrigo de la marca Havana Club. Parecería que la sensibilidad y el amor que inspira la madre naturaleza en el interior de la Ronera San José de las Lajas sirven también para bendecir los aromas, sabores y colores que distinguen y continúan prestigiando los licores oscuros de Cuba que allí se fabrican.

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