Un médico da vida a la radio

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El gastroenterólogo Michael García Pérez ha devenido realizador de radio y logra apasionarse por ambas profesiones.

Cuando Michael García Pérez se sentó delante de mí y comenzó a hablarme del premio que recibió recientemente de la Caribbean Broadcasting Union, como realizador de la revista infantil Amanecer feliz, de Radio Camoa, en San José de las Lajas, me quedé pasmado.

Yo sabía lo del galardón, conocía sobre la calidad del programa premiado, me habían hablado someramente de la trayectoria del radialista. Pero mi mayor sorpresa fue saber, en los minutos iniciales de nuestra charla, que su formación profesional no había sido como realizador radial, ni como periodista, ni como nada que pudiera relacionarse con el mundo de los medios.

“Soy médico”, fue la primera frase que me lanzó. Logró entonces sacarme una sonrisa incrédula que se tradujo en asombro grato que no esperaba. Tenía delante de mí, sin preámbulos, a un gastroenterólogo devenido realizador radial, apasionado por el mundo audiovisual y, además, con gran talento.

Me hizo recordar inmediatamente a Mario Muñoz Monroy, aquel galeno matancero del municipio de Colón, más conocido como El médico del Moncada, que sentía gran afición por la radio, al mismo tiempo que profesaba una devoción sagrada por la salud de los seres humanos.

“Esta será una charla interesante”, pensé. Y me acomodé en aquella mesa del restaurante El Carmelo, en El Vedado habanero, para escuchar a un hombre que aún no sé cómo se las arregla para dividir su tiempo, o más bien multiplicarlo, en aras de satisfacer tantas exigencias profesionales.

La historia fue corta pero fascinante. Graduado como médico en 1999, se insertó al año siguiente en la radio. Era fiel oyente de Radio Camoa y solía participar mucho en el programa juvenil Órbita.

Pedía canciones de Ángela Carrasco, su cantante preferida. Se hizo conocer por los trabajadores del medio, hasta que comenzó a trabajar en una revista de facilitación social donde abordaba temas de salud.
Posteriormente, surgió Aquí y ahora, un programa de ciencia y técnica, y se convirtió en guionista, lo cual le permitió escribir en espacios de música popular y vincularse poco a poco al resto de la programación de la emisora.

A todo ello se sumaron cursos y diplomados en técnicas de dramaturgia radial que le abrieron puertas en emisoras de la capital como Radio Arte y Radio Progreso.

No me fue tan fácil ir asimilando toda aquella información que me proporcionaba el médico realizador, o el realizador médico. En primer lugar, por los escasos minutos que disponíamos para hablar, y en segundo lugar, por la rapidez con que verbaliza su discurso.

Michael tiene un temperamento bastante nervioso. Al menos yo percibí eso. Y no se debe a una gestualidad agresiva, sino más bien a la forma de articular palabras. Su verbo parece ir delante de sus ideas. Y aunque los pensamientos son lógicos, se requiere mucha atención para no perder el hilo de la plática y entender cada dato que aporta.

Asegura llevar las dos profesiones con mucho amor y respeto. Por una parte, trata de encontrar alivio al cuerpo. Por la otra, pretende estimular el alma. Está entregado a una combinación bastante interesante, propia de seres humanos completos, integrales.

Sus intereses en los medios son muchos: seguir perfeccionándose a través de una maestría en Realización Audiovisual que estudia en el Instituto Superior de Arte, desarrollar el documental en la radio, género que considera rezagado en comparación con otros, rescatar temas poco abordados y seguir atrayendo la mayor cantidad de público posible.

Está claro que en ocasiones nos dedicamos a diferentes faenas por placer, o por capricho, o por buscar un sustento adicional. Pero llevar a la par la Medicina y la realización audiovisual y radial no es un asunto para tomar a la ligera.

Se trata de dos profesiones extremadamente serias por el impacto y la repercusión social que poseen. La primera pretende salvar vidas; la segunda, conlleva un compromiso ante un público muy variopinto.

Todo requiere de una energía inquebrantable para no fallar en ambas direcciones. Es un desafío casi titánico el de este hombre que no me da pie a preguntar ni a indagar más allá de lo que dice. Parece adivinar mis preguntas. Las responde y me ahorra casi el trabajo. Habla mucho y lo hace bien. Mientras, yo me acomodo. Vale resaltarlo: no he salido del asombro.

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