Un derecho que defendemos

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Cuando de derechos humanos en Cuba se trate, deben mencionarse los Círculos Infantiles. Para muchos cubanos son tan evidentes, resultan tan parte de nuestra realidad, que pasan inadvertidos; para los críticos de la Revolución nacida el primero de enero de 1959, es mejor condenarlos al silencio. Pero constituyen, sin duda, una conquista social.

Los tres primeros vieron la luz el 10 de abril de 1961, justamente una semana antes de la invasión mercenaria preparada por el gobierno de los Estados Unidos contra Cuba. No estaban ubicados en Miramar, el Casino Deportivo u otra área residencial de la mediana o alta burguesía, sino aledaños a barrios pobres e insalubres dejados por el capitalismo.

La heroína y fundadora de la Federación de Mujeres Cubanas: Vilma Espín, fue la principal impulsora de la institución que hoy cuenta con casi Mil cien círculos infantiles en todo el territorio nacional y permite a miles de madres, acudir al trabajo y ser más útiles a la sociedad.

Si bien al principio, eran amas de casa y muchachas llegadas a La Habana para estudiar quienes atendían a  niñas y niños en esos centros, hoy suman más de 9000 las educadoras preparadas para tal misión. El número de círculos infantiles creados desde aquel 10 de abril de Mil 961 a la fecha son insuficientes, es verdad, pero el estado cubano no ceja en su empeño por ampliar las capacidades en medio de adversas condiciones económicas.

A pesar de esa y otras realidades objetivas, el presupuesto asignado cada año a la educación se ubica como el mayor, junto al de la salud. Ello dice mucho de la importancia concedida a tan trascendental actividad.

En cuanto al pago mensual por concepto de esa atención especializada, está bien distante de los gastos reales de la institución y en correspondencia con los salarios de las madres trabajadores.

Los beneficios sociales que reciben sus hijos tienen un contenido bien amplio. Contempla, por ejemplo, el desarrollo físico y mental armónico de los pequeñines, la prevención de enfermedades, además de trasladar a la vida familiar costumbres y hábitos higiénicos correctos.

También las educadoras ayudan a padres y madres a conocer y orientar mejor a sus hijos, quienes adquieren conocimientos acerca de la lengua materna, música, artes plásticas y el mundo de los objetos, por citar algunos.

Otro impacto a destacar es el hecho de que los círculos infantiles favorecen la integración plena de la mujer a la sociedad y uno de sus derechos más elementales: el trabajo.

Se trata de una conquista, de una razón más para defender el socialismo. Ni las adversidades, ni el bloqueo han podido evitar que siga adelante y afiance tan humana conquista, amparada por los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

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