Testimonios de personalidades de la cultura cubana sobre Esther Borja

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Pianista Nelson Camacho

A Santa Clara iban muchos artistas, entre ellos una persona que después fue mi compañero cuando estudié con Sentenat, me refiero al maestro Frank Emilio, que ahora está ciego. Iban mucho Odilio Urfé y Orestes Urfé, grandes músicos los dos. Hicimos amistad y todos me decían: “Esther Borja tiene que oírte, tiene que escucharte tocar esas cosas de Lecuona, te tenemos que contactar con ella”.

Pasaron los años, y un buen día, ya estando estudiando con Pérez Sentenat en La Habana, decidí aparecerme en la casa de Esther Borja. Averigüé su dirección, me presenté allí, fue muy atenta conmigo, porque realmente no es miga de recibir gente desconocida. Conversamos y le dije que era un pianista que me dedicaba a tocar la música de Ernesto Lecuona y que yo había comenzado a hacer unos conciertos Lecuona in memoriam, en Santa Clara. Eso le interesó mucho y sencillamente me dijo: “siéntate al piano y toca que quiero oírte”.

Toqué algunas piezas de Lecuona y cuando terminé me di cuenta de que Esther estaba llorando, me extrañó y me sobrecogió. Le pregunté qué era lo que pasaba y me manifestó que le recordaba mucho a Ernesto Lecuona en la forma de tocar el piano, y que le llamaba mucho la atención mi estilo y sonoridad en el piano.

La invité a uno de esos conciertos que yo hacía en Santa Clara en homenaje a Lecuona, donde quería reestrenar La Rapsodia Negra de Lecuona, que es una obra que él escribió para piano y orquesta y que presentó por primera vez en el Carnegie Hall, en New York. Ella aceptó la invitación y allí fue donde comenzó mi amistad con Esther; me invitó a que debutara en el álbum de Cuba, eso fue el 26 de noviembre de 1972.

Ya ella estaba en proceso de retiro, incluso ya le había llegado su jubilación, pero en esa época las autoridades del estado le habían pedido que mantuviera su trabajo con la música cubana y al conocerme entregó la chequera, que ya tenía en sus manos, y trabajamos durante casi 15 años más como bien dices. ¿Por qué? Porque después que Lecuona no estaba en Cuba, que era con quien ella hacía principalmente sus conciertos, y que otros pianistas que la acompañaban ya no vivían o los del momento estaban ocupados en otras cosas, no había encontrado con quien hacer el trabajo que desarrollaba con Lecuona.

 Al conocerme, pensó que podía hacerlo conmigo y, efectivamente, lo hicimos durante muchísimo tiempo; trabajé con ella hasta su último concierto, hasta su última presentación pública.

Guardo magníficos y maravillosos recuerdos. Esther fue una compañera de trabajo maravillosa, una amiga extraordinaria y una familia excepcional, porque me acogió como si fuera miembro de su familia, incluso me casé en su casa, acogió a mi esposa, es madrina de mi hija, por lo que podrás imaginar cuán importante es Esther en mi vida y en mi carrera artística.

Para poder hacer el trabajo que hicimos juntos, para poder opinar como lo he hecho sobre ella, es porque creo que Esther es un ser humano excepcional, una persona desprovista de envidias, de odios, sentimientos tan comunes en esta carrera artística.

Yo, por ejemplo, cuando comencé a trabajar con ella tuve siempre mucho éxito a su lado. Yo no he sido pianista acompañante, yo solo he acompañado a Esther y a algunas figuras con las que en algún momento he querido hacer algún trabajo especial. Mi trabajo siempre ha sido como solista, eso ella siempre lo respetó y nuestros conciertos siempre fueron divididos a la mitad, una parte la hacía yo, al piano, como concertista y la otra la acompañaba al piano.

Hicimos un binomio, un dúo donde trabajábamos a la par. Como ser humano, quiero decirte que tiene un alto valor, porque como dije anteriormente, desde que me presenté con ella tuve mucho éxito, tal vez con otro artista ese éxito hubiera sido nocivo para la relación entre ambos, sobre todo por celos y se hubieran producido comentarios como: “pero, ¿cómo es posible que a este principiante lo aplaudan tanto como a mí?”, etc, etc. Y con Esther nunca sucedió esto, ella disfrutaba el éxito que yo tenía, lo incentivaba, porque trabajábamos ambos en función de hacer el arte, no de lucir ella por su cuenta, o yo por la mía.

De no ser porque decidió dejar de cantar, hubiéramos trabajado muchísimo tiempo más juntos. A mí me cogió de sorpresa su último concierto, porque en pleno escenario dijo que esa era la última noche que iba a cantar, sorprendió al público y a mí también. Pero bueno, así hicimos nuestro trabajo en presentaciones en público y grabaciones de discos. 

Soprano Lucy Provedo

Yo conozco personalmente a Esther gracias al maestro Luis Carbonell. Yo recibía clases de actuación con un profesor muy bueno, ya desaparecido, Pepe Vázquez, muy amigo de Luis Carbonell; entonces él le dice a Esther que había conocido a una muchacha joven que estaba empezando a cantar y que le gustaría que la escuchara y la presentara en el Álbum de Cuba. Fue así como en el año 1973, hice mi primer programa de televisión que fue Álbum de Cuba, precisamente.

Hacer el Álbum de Cuba era como asistir a una clase. Como el programa salía en vivo, había que estar en el estudio desde la una de la tarde y este empezaba a las 8 de la noche. Después que te maquillaban y demás, empezaban el ensayo con cámara, con la voz para doblar, porque se grababa con la orquesta del ICRT, y al quedar muchas horas para que se iniciara el programa, teníamos la oportunidad de hablar con Esther.

Yo le preguntaba muchas cosas. Un día le dije: “Esther usted tiene una forma de mover las manos, los brazos en la escena, que a mí siempre me ha llamado la atención, porque ese movimiento, ese apoyo de usted le da a lo que está expresando, viene tan bien con el texto”. Entonces me contó que había tenido un profesor que le dijo que las manos y los brazos eran como palomas, que se debían dejar volar. Me recomendó que me parara frente a un espejo cuando estuviera montando una obra e hiciera movimientos muy espontáneos con los brazos y las manos, pero siempre muy acorde a lo que yo estaba cantando. Empecé a tomar aquello como si fuera una clase y me hizo mucho bien pues de esa forma puedes darle un mayor énfasis a lo que estás diciendo musicalmente y con el texto.

Pasaron los años, continuó nuestra amistad. Yo tengo el privilegio de saber que Esther es mi amiga y de que yo soy su amiga. Ella siempre estaba dispuesta a participar en un concurso como jurado o escuchar nuevas voces. Y como vivimos relativamente cerca, a veces a ella la recogían primero y después a mí; ella guiaba al chofer hasta llegar a mi casa y cuando me recogían primero, yo hacía lo mismo.

Considero que Esther tiene un don especial para decir la canción. Algunas personas piensan que solo cantó la música cubana, pero no fue así, Esther cantó líder de Brahms, música española, canciones francesas, pero se dedicó más a cultivar la música cubana, rescató muchos repertorios que estaban prácticamente olvidados. No solo interpretaba música de Lecuona, de Prats o de Roig, ella hacía cosas de Villalón, de Sindo Garay, de Sánchez de fuentes, por ejemplo. Yo creo que el repertorio de Ester, en cuanto a música cubana se relaciona, es uno de los más vastos.

Esther tiene muchas virtudes como intérprete y como ser humano, pero una de las cosas que más admiro en ella, es el amor hacia su familia. Adora a sus nietos, adora a su hija. Creo que no había una conversación del tema que fuera en que no saliera a referencia alguna anécdota con algunos de sus nietos, o algo relacionado con su hija. Yo pienso que la persona que quiere a los suyos, ya tiene ganado el respeto y la admiración de todo el mundo.

En la actualidad, ella está muy enfermita, pero si yo pudiera hacerle llegar mis palabras de admiración, de una manera muy sencilla y convincente para ella, sería diciéndole: “Esther, te queremos y te admiraremos siempre, como ser humano y como intérprete”.

Luis Carbonell, Acuarelista de la Poesía Antillana

Yo conocí a la cantante Esther Borja en casa de mi maestra de piano. Luego nos encontramos en Estados Unidos en 1947 y desde esa época hemos mantenido una amistad que considero perfecta. Ella ha sido importantísima en mi carrera, me guió, me alentó, me relacionó con muchas personas, y en retribución a ese cariño hice con ella un par de discos, uno que se grabó en España y lleva el título de “Rapsodia de Cuba” y posteriormente le produje otro donde “Esther Borja canta a dos, tres y cuatro voces canciones cubanas”, y así se llamó el fonograma.

Ese trabajo no se había hecho nunca en Cuba y Mateo San Martín, trabajador de la Víctor se decidió a inaugurar su firma con ese disco y otro mío. Esther y yo comenzamos a trabajar en el montaje de las voces; durante siete meses iba todas las tardes a mi casa y ensayábamos las voces.

Recuerdo que siempre le decía: “mientras no tengamos todas las voces montadas no empezamos a grabar”. Era muy difícil porque al no haber pistas se grababa la primera voz, ella se ponía los auriculares, la escuchaba y sobre esta cantaba la segunda; repetíamos la operación, escuchaba el dúo y volvía a cantar montándose el trío y de igual forma se grababa la cuarta voz.

Propuse grabarlo a dos pianos, nadie se animó a ejecutar esta novedosa idea, solo una amiga, y yo, que hice el segundo piano. Según los críticos este disco quedó perfectamente bien; todavía, hoy, es impresionante el efecto que causa cuando se escucha.

Sobre Esther quiero decir que es la única cantante que ha cantado todo lo que Lecuona escribió. Hubo un momento de su carrera artística que decidió no cantar más lírico, porque reconocía que no tenía el suficiente aliento para ello. Como sucedió con muchos autores, ella elevó la canción cubana, fue la mejor intérprete de las piezas musicales de un selecto grupo de compositores, quienes la consideraron la más importante de sus inspiraciones; todo se escribía para Esther Borja.

Yo considero a Esther como una hermana más, pero además, una hermana mayor que se fijó en mí cuando otros no se habían fijado. Me tendió la mano cuando otros no me la habían tendido, y por lo tanto, como fue un momento crucial en mi juventud y sirvió de tanto, eso marcó por siempre, en mi persona un eterno agradecimiento hacia ella, que durará mientras yo viva, y si existe algo más allá, también más allá durará.

Siento mucho que ella está muy disminuida ahora, que está muy enfermita y esperamos que viva lo más que pueda, lo que la naturaleza o la vida le permita. Ella será nuestra eterna Damisela Encantadora.

 

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