Testimonio del pianista Nelson Camacho

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Foto: Michael García Pérez

A Santa Clara iban muchos artistas, entre ellos una persona que después fue mi compañero cuando estudié con Sentenat, me refiero al maestro Frank Emilio, que ahora está ciego.Iban mucho OdilioUrfé y Orestes Urfé, grandes músicos los dos. Hicimos amistad y todos me decían: “Esther Borja tiene que oírte, tiene que escucharte tocar esas cosas de Lecuona, te tenemos que contactar con ella”.

Pasaron los años, y un buen día, ya estando estudiando con Pérez Sentenat en La Habana, decidí aparecerme en la casa de Esther Borja. Averigüé su dirección, me presenté allí, fue muy atenta conmigo, porque realmente no es miga de recibir gente desconocida. Conversamos y le dije que era un pianista que me dedicaba a tocar la música de Ernesto Lecuona y que yo había comenzado a hacer unos conciertos Lecuona in memoriam, en Santa Clara. Eso le interesó mucho y sencillamente me dijo: “siéntate al piano y toca que quiero oírte”.

Toqué algunas piezas de Lecuona y cuando terminé me di cuenta de que Esther estaba llorando, me extrañó y me sobrecogió. Le pregunté qué era lo que pasaba y me manifestó que le recordaba mucho a Ernesto Lecuona en la forma de tocar el piano, y que le llamaba mucho la atención mi estilo y sonoridad en el piano.

La invité a uno de esos conciertos que yo hacía en Santa Clara en homenaje a Lecuona, donde quería reestrenar La Rapsodia Negra de Lecuona, que es una obra que él escribió para piano y orquesta y que presentó por primera vez en el Carnegie Hall, en New York. Ella aceptó la invitación y allí fue donde comenzó mi amistad con Esther; me invitó a que debutara en el álbum de Cuba, eso fue el 26 de noviembre de 1972.

Ya ella estaba en proceso de retiro, incluso ya le había llegado su jubilación, pero en esa época las autoridades del estado le habían pedido que mantuviera su trabajo con la música cubana y al conocerme entregó la chequera, que ya tenía en sus manos, y trabajamos durante casi 15 años más como bien dices. ¿Por qué? Porque después que Lecuona no estaba en Cuba, que era con quien ella hacía principalmente sus conciertos, y que otros pianistas que la acompañaban ya no vivían o los del momento estaban ocupados en otras cosas, no había encontrado con quien hacer el trabajo que desarrollaba con Lecuona.

 Al conocerme, pensó que podía hacerlo conmigo y, efectivamente, lo hicimos durante muchísimo tiempo; trabajé con ella hasta su último concierto, hasta su última presentación pública.

Guardo magníficos y maravillosos recuerdos. Esther fue una compañera de trabajo maravillosa, una amiga extraordinaria y una familia excepcional, porque me acogió como si fuera miembro de su familia, incluso me casé en su casa, acogió a mi esposa, es madrina de mi hija, por lo que podrás imaginar cuán importante es Esther en mi vida y en mi carrera artística.

Para poder hacer el trabajo que hicimos juntos, para poder opinar como lo he hecho sobre ella, es porque creo que Esther es un ser humano excepcional, una persona desprovista de envidias, de odios, sentimientos tan comunes en esta carrera artística.

Yo, por ejemplo, cuando comencé a trabajar con ella tuve siempre mucho éxito a su lado. Yo no he sido pianista acompañante, yo solo he acompañado a Esther y a algunas figuras con las que en algún momento he querido hacer algún trabajo especial. Mi trabajo siempre ha sido como solista, eso ella siempre lo respetó y nuestros conciertos siempre fueron divididos a la mitad, una parte la hacía yo, al piano, como concertista y la otra la acompañaba al piano.

Hicimos un binomio, un dúo donde trabajábamos a la par. Como ser humano, quiero decirte que tiene un alto valor, porque como dije anteriormente, desde que me presenté con ella tuve mucho éxito, tal vez con otro artista ese éxito hubiera sido nocivo para la relación entre ambos, sobre todo por celos y se hubieran producido comentarios como: “pero, ¿cómo es posible que a este principiante lo aplaudan tanto como a mí?”, etc, etc. Y con Esther nunca sucedió esto, ella disfrutaba el éxito que yo tenía, lo incentivaba, porque trabajábamos ambos en función de hacer el arte, no de lucir ella por su cuenta, o yo por la mía.

De no ser porque decidió dejar de cantar, hubiéramos trabajado muchísimo tiempo más juntos. A mí me cogió de sorpresa su último concierto, porque en pleno escenario dijo que esa era la última noche que iba a cantar, sorprendió al público y a mí también. Pero bueno, así hicimos nuestro trabajo en presentaciones en público y grabaciones de discos. 

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