Teresita, entre nosotros

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Existen personas que irrumpen en nuestras vidas y dejan una huella imperecedera, es como si encontrasen un sitio especial desde el que recurrirán una y otra vez.

Entre muchas está Teresita Fernández, la trovadora y compositora, la maestra normalista, la amiga de todos los niños.

Hace dos años hoy, emprendió ese viaje sin retorno y a su paso dejó un halo de fantasía, al que cada vez acuden la ternura y la esperanza, la alegría hecha canción, su eterno himno Vinagrito y esa perspectiva sublime de convertir lo feo en hermoso.

Teresita, desde su sabia dejó para hoy y mañana la pasión por esa manera sublime de cantar a niños y niñas, hermosos textos arroparon la música que deleitó a tantísimas generaciones de cubanos, comprometidos como por arte de magia con difundir desde sus voces aquellas canciones que llegaron para quedar.

Siempre atenta a la mirada infantil, cautivadora desde el amor mismo que profesó a sus semejantes, las plantas, los animales; irreverente, auténtica, solidaria, ella misma, sin ataduras, desde la espontaneidad, desde ser como quiso ser.

Así era esa amiga de tantas generaciones de cubanas y cubanos que crecimos escuchando sus canciones  aprendidas para toda la vida, así quien nunca defraudó a su público, quien guitarra en mano desafió la soledad y sumó a su corazón la magnitud de una mirada infantil, un abrazo, una frase cariñosa expresada desde la mayor humildad.

Es cierto que ya no está entre nosotros, pero está su música, está esa manera linda que como por arte de magia experimentamos al escuchar sus canciones, las mismas que se alojaron para siempre en el corazón y la memoria, esas que hacen aparecer un cambio en nuestro rostro y en el él, la estampa de una sonrisa.

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