En las dos últimas décadas los padres en los países desarrollados han sido testigos una serie de fenómenos en los menores de edad que hasta entonces no habían llegado a la categoría de “preocupantes”: La obesidad infantil, la violencia en las aulas, el estrés y la depresión en los menores, los embarazos no deseados y el fracaso escolar han pasado al primer plano de las intranquilidades tanto de los progenitores como de los gobiernos de los estados, y es que la incidencia de estos problemas se ha incrementado de maneraalarmante.
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