Al más universal de los cubanos, José Martí, ha de llegarse como hijos al padre amado que siempre espera y está presto al abrazo puro, al consejo certero, al análisis si fuera preciso, a la voluntad de compartir su sabia y el amor infinito que no descansa en esa ansia inmensa de fraguar a un mejor ser humano.
Por estos días en que enero anuncia la proximidad de un nuevo aniversario del natalicio del Héroe Nacional, me acojo a su legado sin límites, ese que dejó desde ayer para hoy y mañana, que insistimos en marcar con sus frases, muchas veces, sin tomar en cuenta la profundidad de cada palabra.
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