Alejo y el jardín

Hay ausencias que te hablan de un mañana,

que se tornan de todos los colores,

que te ponen el mundo en la ventana

y de esperanzas llenan los balcones

Liuba María Hevia

Me gustaba mirarlo cada mañana desde mi ventana mientras golpeaba las teclas de la máquina de escribir. Su rutina pasaba indiferente para los demás, pero aquella película conseguía mostrarme siempre un detalle interesante y nuevo, algo así como lo que suele ocurrir cada vez que releo El Principito. Él se llamaba Alejandrino, pero todos en el barrio le decían Alejo. 

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