En tiempos de globalizaciones, las crisis sociales impactan en todas partes y con ellas van, inexorablemente, las crisis de valores. Nadie parece exento de ese problema que supone una epidemia. Es como si el género humano no supiera ya jerarquizar. En el orden de importancia, los bienes espirituales andan muy lejos, a la zaga, de los bienes materiales.
