Unidos por una causa común, la Revolución

El arrojo y la entereza los inmortalizó. Aquella mañana del 26 de Julio de 1953, no dejaron morir al Apóstol en el año de su centenario y patentizaron sus ideas de libertad y soberanía. Como tantos hombres y mujeres, los hermanos Gómez abandonaron todo lo que les ataba a la vida como simples mortales y se entregaron a una causa común: La Revolución.                                               

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