Silencio, por favor

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En mi barrio, uno de los más poblados de San José de las Lajas habitan varios bebés; cada vez que suena el claxon de un automóvil la tranquilidad desaparece y los pequeños se despiertan y lloran debido al intenso ruido.

Sentada en mi portal este viernes de 4 a 5 de la tarde conté 45 actos ruidosos que interfirieron en la calidad de vida de mi familia y de mis vecinos.

Porque ciertamente es el ruido ambiental un problema para vivir
y no solo los cláxones sino también los tractores, las pipas de agua, las motocicletas, los bicitaxistas que llevan la música demasiado alta,  los pregoneros, los golpes con martillos y otras herramientas en la construcción y muchos más.

Resulta evidente en estos tiempos el incremento del ruido ambiental porque debido a la dinámica de la vida y a otras prioridades, las personas olvidan cuán importante es evitar la contaminación ambiental por el ruido y además, porque no aplican sanciones a aquéllos que lo causan.

Este problema produce efectos negativos sobre la salud auditiva, física y mental de los seres vivos y aseguran los expertos que provoca inquietud, inseguridad o miedo en los más pequeños.

Cuando los niños son educados en ambientes ruidosos, estos pierden su capacidad de atender señales acústicas, sufren perturbaciones en su capacidad de escuchar, así como un retraso en el aprendizaje de la lectura y la comunicación verbal.

Entonces, me pregunto: ¿si en solo una hora acontecieron más de 40 ruidos, cuánto sucederá en un día, un mes, o en los primeros 7 años del desarrollo de los infantes?
Es realmente alarmante la situación, si por añadidura no se adopta ninguna medida para evitar la contaminación.

Buscando soluciones al quimérico asunto encontré que “el Decreto-Ley 200/99 en Cuba contempla sanciones en caso de afectaciones por ruidos, su artículo 11 define las contravenciones respecto a los ruidos, vibraciones y otros factores físicos, y fija las multas para cada caso: infringir las normas relativas a los niveles permisibles de sonidos y ruidos, se pena con 200 pesos en el caso de las personas naturales y con 2 250 pesos si se trata de instituciones”.

Cumplir con estas leyes sería un buen comienzo para esta campaña que requiere, además, de una alta concientización por parte de los que no reparan en el daño que hacen, cuando tienen como carta de presentación “mucho ruido y pocas nueces”.

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