Semillero de amor

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El instinto del periodista le lleva a fijarse en todo, a querer saber de esto y aquello, a inmiscuirse en lo que hacen los demás, a descubrir qué piensan, qué sienten y qué quieren los otros. Esa curiosidad inevitable me llevó a conocer y amar la causa de los Cinco.

Recuerdo que comencé a escribir un programa semanal de catorce minutos que bauticé con el nombre Alas de libertad, y se transmitía en la emisora comunitaria Radio Jaruco. El trabajo que me dio concebir aquellos primeros guiones me confirmaban la tesis de José Martí, que solo puede hablarse bien de lo que bien se conoce.

Entonces comencé a tocar puertas y a buscar caminos para encontrarme con ellos, distantes no solamente por las rejas, los kilómetros de agua, aire y tierra que nos separaban, sino por el silencio y la censura que envolvió la historia de los antiterroristas cubanos en los Estados Unidos y en otras muchas naciones del planeta.

Corría el año 2007 y en la Red se hacían visibles sitios como Antiterroristas.cu, al tiempo que otros espacios digitales dedicados especialmente al caso comenzaban a emitirse al mundo desde las emisoras de radio, los canales de televisión y los blogs.

Pero las noticias se replicaban y esencialmente carecían de los elementos que yo necesitaba para contar sus vidas de una manera diferente. Así que desvié mi ruta al mundo literario y llegué a la Editorial Capitán San Luis del Ministerio del Interior de donde me marché cargada de textos y saberes que me ayudaron a bajar del pedestal a los héroes cubanos para mirarlos directo a los ojos.

Me bebí la historia no contada del terrorismo fraguado y financiado en los Estados Unidos contra Cuba y la oscura trama judicial en que se vieron envueltos los Cinco. También conocí de dónde provenía cada uno de ellos, a quienes dejaron a atrás y por qué.

Un día hurgando en las publicaciones digitales encontré el Blog de la Polilla cubana y contacté con su autora, una talentosa bibliotecaria devenida periodista: Rosa Cristina Báez Valdés, lamentablemente fallecida hace un año. Ella me dio las llaves para entrar por la puerta ancha en el mundo de los Cinco.

Así fue como conocí a muchos de los familiares, a Alicia Jrapko una de las voces imprescindibles del Comité por la liberación de los Cinco en Estados Unidos y a Graciela Ramírez, Coordinadora del Comité Internacional por la libertad de los Cinco en Cuba.

Alicia se convirtió en una gran amiga y tuve la oportunidad de conocerla personalmente en 2008, en La Habana cuando me trajo la primera carta de puño y letra de Gerardo Hernández.

La invité a Radio Jaruco y con ella llegaron otros amigos de Argentina, Puerto Rico y el Líbano que también abrazaban la causa de los Cinco. Allí fundamos el Comité Alas de libertad que echó a volar sin frenos gracias a la pasión de la maestra Ania Ortega.

De esa manera llegué a la vida de los Cinco y así aprendí a quererlos, a respetarlos, a honrarlos. Pero el hecho de tener un puente directo con Gerardo nos convirtió en amigos para siempre. A tal punto que a solo días de su regreso se comunicó conmigo, y después nos  encontramos por primera vez en el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) donde presentó y me regaló su libro El humor desde mi pluma.

Una semana después volví a verlo en el Memorial José Martí donde me prometió que iría a Radio Jaruco. Y así lo hizo el 13 de marzo, hace exactamente dos años. Aquel fue un día memorable: el pueblo lo acogió con una pasión inusitada, y yo disfruté el sueño de ver libre y feliz a Gerardo con Adriana.

Tanta felicidad era el resultado de años de batallar contra los muros y las cadenas, un tiempo como un semillero de amor porque fuimos muchos los periodistas de Cuba que acompañamos y respaldamos a nuestros hermanos.

Recuerdo que a veces la esperanza se me ponía tan flaquita y su voz era un murmullo en mi cabeza. Pero si jamás perdí totalmente la fe en su regreso fue, sobre todo, por Fidel. Él prometió: ¡Volverán!, y cuanto hice, esa minúscula gotita de amor que puse en tan inmenso mar fue para consumar la profecía, y también para hacer justicia: ese es el premio mayor.

 

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