Se cumplió la profecía

“Sé, además, que nunca más en nuestras vidas volveremos a presenciar una muchedumbre semejante, excepto en otra ocasión —en que estoy seguro de que se van a volver a reunir las muchedumbres—, y es el día en que muramos, porque nosotros, cuando nos tengan que llevar a la tumba, ese día, se volverá a reunir tanta gente como hoy, porque nosotros ¡jamás defraudaremos a nuestro pueblo!”

(DISCURSO PRONUNCIADO POR FIDEL A SU LLEGADA A LA HABANA EL 8 DE ENERO DE 1959.)

Regresan a mi mente los detalles de los días vividosdesde que los cubanos y el mundo conocimos la noticia del deceso de Líder Histórico de la Revolución Cubana.

Las calles repletas de pueblo, lagrimas sin pudor asomaban a los ojos, tristeza que se convirtió en la bruma espesa que acompaña los día tristes, gente de todas partes se concentraron para darle el último adiós al eterno Comandante en Jefe.

No hubo que movilizar a los cubanos; a esta cita todos tenían el deber de acudir. Niños, jóvenes, adultos y ancianos protagonizaron por esos días históricas jornadas de homenaje a quien supo guiar hasta el triunfo a una nación que como Cuba llevaba casi una centuria de lucha por su independencia.

Los cubanos despidieron a su líder con todos los honores, como se despide a los grandes, a los triunfadores, a los que con su ejemplo destruyen huracanes, vencen enemigos y detienen con la coraza de la razón cualquier atentado.

Fide no se equivocó, el pueblo otra vez se concentraría en las calles como aquel 8 de enero de 1959. Esta vez, para despedir a su invicto Comandante. Fidel no le falló a su pueblo y su pueblo no lo defraudó. Se cumplió la profecía.

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