Rosario Dubrocá de Osorio, “la mambisa”

Hasta que se demuestre lo contrario, el primer hospital militar para heridos del ejército mambí se ubicó en la Finca Bocalandro de San José de las Lajas y se nombró “Miguel Bacallao”.

Por orden del General José María Rodríguez (Mayía), Jefe del Departamento Occidental del Ejército Libertador, la enfermera Rosario Dubrocá de Osorio, conocida como “la mambisa” y presidenta de la Cruz Blanca Cubana, inauguró el 11 de septiembre de 1898 lo que sería el hospital de sangre.

En su apertura participaron los mayores generales Mario García Menocal y José María Rodríguez, el coronel José Piedra y el general de brigada y médico Daniel Gisper, este último fungió como su primer director.

Este  hospital contó con cinco salas y alrededor de once camas para acoger a los mambises que resultaban heridos en el enfrentamiento con el ejército español. El personal de enfermería lo integraban  mujeres muy valerosas y revolucionarias, entre ellas, Digna Collazo, Terina Roof de Campa y Mercedes Alum de Gálvez, todas dirigidas por la joven de 25 años de edad, la matancera Rosario Dubrocá de Osorio.

Pese a estar ubicado en un lugar intrincado, lejos de la vista del ejército español, se mantenía surtido de medicinas y utensilios para socorrer a los lesionados.

Esta primera experiencia del hospital “Miguel Bacallao” ubicado en la Finca Bocalandro de San José de las Lajas, dotó a  Rosario  de una profesionalidad y dedicación que supo multiplicar en otros lugares de este tipo donde acogió a los heridos en el campo de guerra.

Ante la gigantesca obra humana que se erigía en los campos de Cuba libre, el General José María Rodríguez (Mayía) envío una significativa carta a estas valerosas mujeres enfermeras: “Felicito y admiro a todas las buenas cubanas que como timbre de sus virtudes, como divisa de sus sentimientos y como escudo de sus glorias ostentan sobre sus bocamangas la Cruz Blanca de piadoso simbolismo que como la del Nazareno, cumple sagrada misión de nobles redenciones”.

La actitud de Rosario Dubrocá de Osorio y de otras señoras de la Sociedad Benéfica Cruz Blanca de La Habana nos hacen regresar al maestro cuando afirmó: “Vi en la tierra de esmeraldas, donde hay mariposas azules, vi palmas donde hay tristezas; vi diamantes para lección del mundo, allí donde es mucho el carbón; nunca vi maravilla tan grande como la mujer cubana”.

 

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