¿Quién dijo sexo débil?

Erróneamente la mujer ha sido considerada el sexo débil. A ella los cánones de la sociedad la asocian con las labores del hogar, la crianza de los hijos y los trabajos delicados.

La fortaleza física, es sin dudas el argumento que sin vacilación pone al sexo femenino en una escala inferior a la de los hombres; sin embargo el embarazo, el parto, los dolores durante la ovulación que como parte de su proceso reproductivo experimentan estas cada mes muestran también la fortaleza física de la mujer.

En Cuba en las más disímiles esferas de la sociedad la mujer desde el trabajo, en el campo, la construcción, la defensa de la patria, sorteando obstáculos y cultivando amor   las féminas son protagonistas del presente y el futuro.

El asumir importantes cargos políticos, resultados sobresalientes en el deporte, en el área de las ciencias, las letras y la cultura sitúan a la mujer en un lugar cimero a lo largo de la historia.

En el mundo son incontables los ejemplos de féminas que han dejado una huella de su quehacer por la emancipación total de la mujer, en la realización de proyectos sociales y como fieles defensoras de los intereses patrios: en Cuba, Mariana Grajales, Celia Sánchez, Vilma Espín Guillois, son algunas de las figuras paradigmas de una obra consagrada en este sentido.

En las mujeres la fortaleza va más allá de unos músculos jugosos, capaces de derribar con fuerza brutal cualquier obstáculo, su grandeza está en su fuerza interior que se constata en su hacer diario, permitiéndole mostrar su capacidad para asumir cada tarea por difícil que sea, en igualdad absoluta con el sexo masculino.

¿Sexo débil?, la realidad en la mayor de las Antillas da respuesta a esa interrogante, basta una mirada y la fortaleza de las cubanas es la más evidente respuesta y,  sin perder la ternura.

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