Por qué callamos hoy

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Es temprano aún en San José de las Lajas cuando el pueblo de Cuba seguirá rindiendo homenaje a nuestro Comandante en Jefe.

Es de mañana y parece que el mundo se detiene. Tal parece que la gente no está en ninguna parte.

Apenas se escuchan las aves que entonan sus cantos habituales e inocentes y nada más. Nunca hubiera creído posible que existiera un hecho capaz de lograr un silencio tan uniforme en una población acostumbrada de por sí a las sonoridades tan diversas y tan libres.

Es ahí donde me percato de esa unidad que nos distingue cuando se trata de la patria, esa unidad que emerge en los momentos necesarios desde la voluntad individual, de los que saben que un sentido común llama a cerrar las filas junto a la causa.

Me eriza oír tanto silencio y me estremece saber por qué callamos. Este silencio hoy grita a todo el mundo que seguiremos siendo uno junto a quien nos dio la independencia prometida; que sabemos tornar nuestra alegría y la algarabía rutinaria en un momento de meditación y de mesura nunca antes vivido con tanta devoción.

Hoy iremos a ratificar nuestra lealtad y compromiso con nuestro Comandante y con nosotros mismos, porque Fidel seguirá viviendo a partir de ahora, como él dijo, en cada uno de los que seamos capaces de seguir por convicción sus valiosas ideas.

Por eso hoy tributaremos respeto a nuestro líder y saludaremos su grandeza. Adiós no le diremos porque no despediremos a quien estuvo siempre al lado de los pueblos, no diremos adiós porque él se quedará por siempre entre nosotros en cada acción justa que engrandezca esta nación soberana que no defraudará jamás sus ideales.

Por eso, si alguna voz rompe el silencio respetuoso en este día, ha de ser esa voz del pueblo que le sigue y no admitirá su ausencia, la voz que llegará otra vez de todas partes para decirle con firmeza ¡Hasta siempre Comandante!

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