Orgullo de ser cubano

Son incontables los conceptos de cultura en la bibliografía al uso.  El más extendido precisa que son todos los bienes materiales y espirituales creados por el hombre. Es también posible significar el proceso contrario: la cultura crea al hombre, le confiere todas sus distancias, sus tiempos, sus contenidos, su propia esencia.

En lo que sí existe un consenso es que cultura implica un suceso mucho más amplio y abarcador que la creación artística. Dentro de la Cultura cubana están sin falta el legado martiano, el mester literario de Guillén, de Carpentier, de Lezama, la escultura de Rita Longa, la plástica de Lam y de Carlos Enríquez, el teatro de Virgilio, las coreografías de Alicia, la música de Benny, de Amadeo y de Caturla, y el cine de Tomás Gutiérrez Alea.  En ese mismo suceso, se inscriben la idiosincrasia de un pueblo, sus costumbres, sus tradiciones, y sus emociones.

Es posible integrar en el mismo concepto de Cultura cubana, los gallos de Mariano, el detective de la novela de Padura, una propuesta danzaria de Litz Alfonso, con la alegría incontenible ante un fuera de combate de Stevenson, la victoria olímpica de Juantorena, y el hit de oro del Curro Pérez.

 Ponderar la Cultura cubana pasa por las disquisiciones antropológicas de Fernando Ortiz. La cubanidad se entiende como el ajiaco donde concurren tantas fuentes del mundo.  Es un hecho probablemente perpetuo, en el que se verifican síntesis de pigmentos y de ideas, en las fronteras mismas de la identidad y del idioma, circunstancia que le sirve de desafío y que, al mismo tiempo, lo enriquece.

 La Cultura cubana dispuso el tema de la otredad.  Un pueblo se reconoció diferente, el otro, insurgió 

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