Nuestro Apóstol desafía a la historia 

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José Martí es una de las personalidades de nuestra historia y cultura más recurrentes en el hacer de cada día; su legado inspira, conmueve ánima, y a 163 años de su nacimiento desafía siglos para perpetuar su devoción por la Patria y sus semejantes. 

Una de las aristas de la vida de nuestro Apóstol que llega con tamaña distinción a este tiempo es la que lo descubrió soldado de la palabra: cronista y corresponsal, comentarista y editorialista, me detengo en el José Martí periodista, de Cuba, América y el mundo. 

En mi opinión su palabra estremece, llega impetuosa a este siglo, desde el ayer en que vislumbró el peligro de la ambición imperial, con la claridad que apunta cuán esencial es el mejoramiento humano y la necesidad de trabajar con todos y para el bien de todos. 

Y seguramente coinciden conmigo en que su verbo devenía concepto, elegante y profundo, fuera en papel o en la oratoria pródiga, cautivaba. La fuerza de su palabra extendía los brazos y comprometía al emigrado indeciso y  perturbaba al enemigo. 

Con apenas 15 años publicó el soneto ¡10 de Octubre! a escasos días del levantamiento de Carlos Manuel de Céspedes en 1868;  el 19 de enero de 1869, el único ejemplar de El Diablo Cojuelo revela su prosa irónica con la que ataca al gobierno colonialista. 

El presidio político en Cuba convirtió al adolescente en hombre, y su dolor y vivencias devinieron el más tenaz testimonio, en todo un ensayo político de denuncia. 

Para mí su pieza teatral Abdala reafirma el compromiso con el inicio de la Guerra del 68, en ella describe a Abdala, un guerrero cubano que entre el amor a la madre y el amor a la patria decide por la tierra que le vio nacer.

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