No hay peor sordo que el que no quiere ver

Para quienes vivimos en la mayor de las Antillas “la situación coyuntural” que vive el país ha pasado a formar parte del decir de cubanas y cubanos, sin quitar el sueño, sin miedo, sin drama, como dice mi vecina.

Y es que por acá a diario descubrimos acciones que reverencian el sentido de pertenencia, el humanismo y la solidaridad. Se trata de la sensibilidad puesta a merced del semejante; esa que demuestra que ante “lo coyuntural” están la voluntad y la razón, además de la alegría, principal antídoto para el desánimo y el pesimismo que algunos tratan de inocular.

El bloqueo económico, comercial y financiero que por casi seis décadas nos hostiga ha marcado una vez más su naturaleza y su afán crónico de poner contra la pared a Cuba. El cerco es cada vez más cruel y el reclamo mundial porque de una vez se elimine es cada vez mayor.

Pero no hay peor sordo que aquel que no quiere ver la realidad y hace caso omiso al llamado de mayorías en el mundo para que cese esa anacrónica medida impuesta por el gobierno de Estados Unidos.

Mientras el inquilino de la Casa Blanca insiste en apretar más la tuerca y no tiene freno para disponer todo lo que acorrale y asfixie a la isla que solo 90 millas separan de su país, en el podio de Naciones Unidas continúan los reclamos por el fin del genocida bloqueo económico, comercial y financiero que mantiene Estados Unidos contra Cuba.

No hay peor sordo que aquel que insiste en no ver que desde 1992 en la Asamblea General de la ONU, la mayoría de la comunidad internacional apoya el fin del bloqueo norteamericano contra Cuba y exige respeto por nuestra isla. No hay peor sordo que aquel, que al creerse omnipotente persiste en ignorar la justicia y desestimar la razón.

 

No hay peor sordo que el que no quiere ver
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