Mi Verdad

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Comienza un año y traigo una nueva propuesta, pretendo compartir razones, ideas y hacer un poco de luz en este camino que a diario nos descubre compañeros de trabajo, amigos, o sencillamente conocidos de vista. Elijo hablar sobre la amistad, ese sentimiento especialísimo, considerado por muchos un puente vital, es por eso que en este 2015 que recién comienza les invito a cultivar valores, y entre ellos la amistad.

La amistad puede aparecer en cualquier etapa de nuestras vidas, en la infancia, la adolescencia, en la juventud, la adultez y también en la tercera edad, además,  se puede mantener a través del tiempo  sin importar la distancia. 

Un ejemplo es el que nos llega a través de nuestro José Martí, un hombre que no solo cultivó amigos, sino que tuvo la amistad como inspiración en su prosa y en sus versos: 

 “Si dicen que del joyero tome la joya mejor, tomo a un amigo sincero y pongo a un lado el amor.” 

Y es que el Héroe Nacional vislumbró en la amistad un caudal infinito de valor, así nos lega su apreciación sobre ese vocablo:

 “Tiene el leopardo un abrigo en su monte seco y pardo, yo tengo más que el leopardo, porque tengo un buen amigo”.

 Grandes amigos tuvo José Martí, y digo grandes, porque los inscribió con ternura y eternidad en su vida, entre ellos sobresalen Fermín Valdés Domínguez, Manuel Mercado y Serafín Gualberto Sánchez Valdivia. 

La amistad de Martí con  Fermín Valdés  Domínguez  surgió desde la infancia y se mantuvo durante sus vidas, con vivencias muy intensas como la cárcel, el destierro y el exilio. La amistad con el mexicano Manuel Mercado, nació cuando el cubano tenía  22 años, durante su estancia en México. 

Y precisamente esa fue una amistad cultivada, a través del género epistolar sostenido durante dos décadas, etapa en la que afloró un intercambio de afectos y experiencias alimentado por la sinceridad y lealtad mutuas. 

Martí y Mercado se conocieron en 1875 y no volvieron a verse hasta 1894. Veinte años, sin verse no impidieron que la amistad germinara y mantuviera lazos indestructibles. 

Tal es así, que en vísperas de su muerte, en Dos Río, desde la manigua, Martí escribe a su hermano del alma, como le llamó, es así que lega hasta nuestros días, su carta inconclusa fechada el 18 de mayo de 1895. 

“Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir, ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber -puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin”. 

Este ha sido nuestro primer encuentro, una oportunidad para comentar sobre ese sentimiento especial que es la amistad, necesario para cumplir nuestros proyectos personales, vital para arroparnos con sensibilidad y ternura, con lealtad y sinceridad        

Al apóstol nos acercamos esta vez, como fuente inagotable de sabiduría, y este es otro mensaje que quiero compartir con ustedes, la importancia de recurrir a José Martí, porque siempre encontraremos en su obra, conocimientos y consejos esenciales para mejorar el alma. 

Les dejo una sugerencia: cultiven la amistad, asúmanlo desde estos primeros días del 2015, tener amigos es el mejor de los regalos, por eso les dejo este pensamiento martiano que sella también nuestra amistad: 

“Para todas las penas, la amistad es remedio seguro, con un amigo el mundo lo es.”

 

 

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