Maternidad por vez primera

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La maternidad obra cambios radicales en la mujer, tanto en el orden físico como en el campo de la espiritualidad.  Para una misma mujer, cada parto es una experiencia distinta que enfrentará con las herramientas que tenga a mano.  Ser madre por primera vez pone a la mujer en un status expedito e inesperado. 

La preparación de la primeriza descansa en las consultas prenatales y en la experiencia acumulada.  Esta última le llega de la mano de mujeres amigas y de la propia familia.  Por cierto, las consultas proveen a la futura madre de tratamiento psicológico, estomatológico, genético y nutricional, pero no la instruyen en el orden práctico, sobre cómo manipular al niño y otras cuestiones, sin un vuelo científico, pero igualmente importantes. 

Es recurrente el tema de la hipersensibilidad de la mujer embarazada.  Para la madre por primera vez resulta especialmente significativo el apoyo y la comprensión de su familia, y en primerísimo orden el de su pareja.  La maternidad halla un feliz desarrollo, en exacta interrelación con una paternidad responsable. 

La madre por primera vez debe de abandonar proyectos laborales en fases de iniciación.  El sentido de la utilidad sufre un severo golpe en un decisivo momento de juventud, y tal coyuntura pudiera suscitar desajustes en la autoestima.  La atención de la pequeña criatura ocupa hasta los más mínimos intersticios de tiempo de la mujer, quien usualmente no alcanza a actualizarse sobre la cambiante realidad del trabajo. 

Por consiguiente, ser madre por primera vez condiciona pruebas y desafíos decisivos, que precisan compartir deberes.   Ella necesita, pues, la colaboración efectiva de sus seres más cercanos en ese tránsito particularmente hermoso e intenso, difícil y expedito,  pero sobre todo emocionante.

 

 

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