Lo que puede salvar el amor

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“….Ese día, el día del dolor, / es un día de oculta fecundación…”

Silvio Rodríguez

Estas no son las líneas que dibujan una tragedia, sino más bien la historia de otra batalla del amor contra la muerte. La lágrima puede manchar la fábula de Anaily de la Caridad Mederos Viciedo. Pero mi corazón estrujado sin consuelo, llora……

Nunca se me ocurrió preguntarle a Anaily cuáles eran sus flores favoritas, pero Ofelita, su hada madrina y yo decidimos obsequiarle este ramo de orquídeas húmedas por la lluvia y el llanto que rociaban a Jaruco el 4 de febrero de 2017.

Las flores se acomodaron de inmediato, casi misteriosamente bajo nuestras manos, como si tuvieran prisa por cumplir su misión. Una rama de arecas verdes completó el arreglo. -Le dan vida y más color, susurró Ofelita, y estuve de acuerdo.

Así le construimos el último regalo. Lo colocamos sobre el ataúd junto a algunos príncipes negros y unos girasoles regalados por otras personas también tristes y que, como nosotras, hallaban inaceptable aquel disparate de la naturaleza.

No le dije adiós, Ofe tampoco. Lo terrible no es la muerte, la consolé: sino lo que se muere en nuestro interior mientras estemos vivos, y ella vivió con todas sus fuerzas.

Días antes de su partida Anaily me confesó bajito que tenía miedo de morir. Entonces, impulsada por mi exceso de fe, la convencí de lo imposible. Aunque cuando lo pienso, de algún modo, no le mentía.

Hablamos de lo que podría hacer en cuanto se recuperara. _trabajaré en cualquier cosa, podría ser recepcionista incluso, musitó mientras su respiración entrecortada le advertía de un plan bien diferente.

Abracé su cabeza junto a mi pecho y mientras acariciaba su cabello le insinué que podría sembrar unas plantas en el jardín, quizás de ají y de orégano para mejorar la sazón de la comida.

Traté de aliviar su tos arrullando su espalda y le ayudé a imaginar un futuro promisorio con su hijito Jorge Luis, a punto de cumplir seis años; con la prótesis que podría aprender a usar para hacer más llevadero su andar por el pueblo…..

Anaily, desde su inocencia de 21 años aceptó cada una de mis sugerencias con una chispa de luz en su ojitos, y entonces supe que ella todavía conservaba los sueños vivos en el corazón.

Hubiera querido escribir todo esto antes. Es 4 de febrero de 2017 mientras cubro de dolor la página en blanco, Día Mundial del cáncer, y Anaily acaba de ser derrotada por la enfermedad que la embistió cruel, despiadada.

Se fue en esa fecha, quizás para gritarnos que siempre hay más de un camino para andar, llegar y conservar ese tesoro mayor que es la vida. Advierte incluso, incluso, que habrá otro camino después del camino.

Y no quiere que la lloremos, porque su historia es la de una muchachita que aprendió del osteosarcoma que destruyó su pierna izquierda a tener valor y ser fuerte.

Ni los mejores médicos, ni las terapias más novedosas, ni las oraciones más apasionadas, ni los creyentes más devotos, ni las burundangas, ni los brebajes, ni siquiera los ruegos maternos más desesperados pudieron someter el padecimiento de Anaily.

Y es que no pudimos detener el cáncer que se ensañó con su vida, es verdad, pero sé que la hicimos feliz en las últimas semanas de vida, porque fuimos muchos quienes, sin ponernos de acuerdo, decidimos no dejarla sola.

Ni ella ni nosotros perdimos, porque la amamos y nos amó hasta el último instante. Lo sé porque cuando la vi, apenas unos días antes de irse, todavía sonreía, y un rayo de felicidad relucía en su rostro, ya de porcelana.

Así quiero guardarla y así, como una lluvia compasiva y fértil la repartiré a los demás desde ahora y hasta siempre.

Anaily de la Caridad Mederos Viciedo

1995-2017

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