Lo letal de un controvertido placer

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Hace solo unos días, observé a una estudiante vestida de uniforme de enseñanza media, que en las inmediaciones de su centro escolar fumaba con tal desenfado que llamó la atención de quienes estaban en la cola de la farmacia.

Los comentarios no quedaron en el silencio o para después, la alarma ante aquel suceso propició que más de una persona se acercaran a la adolescente y una de ellas le preguntara si sus padres sabían que ella era una fumadora.

Más que cualquier respuesta afirmativa o negativa estuvo la explicación de la adolescente que reúne el dinero destinado a la merienda para comprarse cigarrillos.

No puede ser secreto para la familia cuando uno de sus miembros practica tan dañino hábito, el olor sencillamente delata y las circunstancias también.

Las consecuencias del tabaquismo a diario son expuestas por los medios de comunicación, tropezamos con propagandas que refieren los perjuicios de esa adicción, pero evidentemente aun no son suficientes.

Según la Organización Mundial de la Salud Casi 6 millones de personas mueren anualmente a causa del tabaco, en el mundo hay 1300 millones de fumadores y a diario 100 mil adolescentes comienzan a fumar.

Tales datos, más allá de la crudeza, de las cifras que asustan instan a hurgar con mayor fuerza nuevos senderos para combatir esa realidad a la que no escapa San José de las Lajas.

El tabaquismo es uno de los principales factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares, más del 85% de los casos de cáncer de pulmón están relacionados con el tabaquismo activo y el 5% con el tabaquismo pasivo.

La realidad es esa, una cuenta en la que la suma siempre implicará una nefasta resta, a más tabaquismo, menos vida.

Es hora de poner un freno a ese supuesto placer que hace dependientes e insensibles a quienes lo practican, porque lejos de condenarse al deterioro y al camino torcido que garantiza el tabaquismo, atentan contra la vida de quienes le rodean

Es menester concienciar a los fumadores, sobre los riesgos que corren y de los peligros que generan en las personas de su entorno, es hora de repensar no en fórmulas mágicas para poner fin al problema, sino en las herramientas que existen y no siempre se aplican, en las normas de seguridad del trabajo, en las prohibiciones dispuestas que señalizan no se puede fumar y muchas veces se irrespeta.

En Cuba, el derecho a la protección, seguridad e higiene laboral está refrendado constitucionalmente. Sirva este día para más que decir y replicar sobre el tema, llenarse de voluntad y decisión, sea tal vez el punto de partida para ganar una batalla a favor de la vida. Aún estamos a tiempo de revertir esa cuenta cuya suma no da para la supervivencia del bolsillo ni para lo más importante: El sano latir de la vida.

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