Lázaro Silva, un personaje de la radio y la vida

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No voy a hablar de años,  diplomas y certificaciones que avalen la consagración de  una persona  que de manera asidua estuvo al latir de la noticia en la otrora provincia La Habana, hoy Mayabeque.

A Lázaro Silva, hombre radio, que desde su querido Batabanó a diario reportaba el quehacer de su territorio y más, hoy la jubilación lo distingue como un incansable comunicador, que desde el amanecer, insististe en arropar el saber, y  brindar sus conocimientos a todos los que así lo desean.

Su saludo habitual: ¡Pueblo!, le ha granjeado, así le llamen muchos; irrumpe cada día, con la misma grandeza de aquellos que profesan apego por hacer el bien y que con sabiduría diseñó una etapa de la vida, que no significaría jamás descanso, sino una nueva etapa.

Inquieto, afable, sencillo, nos recibió una tarde nublada de mayo en su hogar, que como dice es la casa de todos; allí afloraron anécdotas de su época de corresponsal activo, sus experiencias como maestro, la familia y la vecindad, imprescindibles todos en su vida y radio Reloj, emisora con la que mantiene colaboración.

Fotografías que estampan su paso por el periodismo, recuerdos que van desde una piedra, hasta una pintura exclusiva dedicada a él, la música de siempre  que agrupa a lo mejor de todos los tiempos, donde no faltan zarzuelas, óperas, boleros, y  la instrumental que considera alimento especial para sus mañanas.

Es Lázaro Silva Ochandía, esa persona que lleva consigo infinidad de relatos, que lejos de hablar de sí constituyen lecciones para la vida, esas que abogan por los valores, por la responsabilidad y el amor, esenciales en toda obra que se acometa.

Bastaron unas pocas horas para compartir un café hecho con la sapiencia de quien tiene sus buenas mañas para hacer de ese preciado néctar un ritual que invita a volver al encuentro.

Allí en su casa, la de todos, donde la luz anida porque habita una persona especial, acudieron también las vicisitudes, los obstáculos que nunca faltan en el camino, pero que lejos de amargar o amilanar su ánimo fortalecieron el espíritu y el carisma de este personaje, porque Lázaro Silva Ochandía, no lo duden es un personaje.

Querido en su tierra y por todos aquellos que llevan en sí mismos las lecciones del maestro que fue y es, la corrección del amigo, la enseñanza del reportero y las vivencias del animador, que no da cabida a la quietud, porque sabe que su terruño espera siempre por él.

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