Las metas para un nuevo año

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Desde el amanecer de la existencia de un ser humano, se verifica el interminable viaje a la utopía. A lo largo de ese camino infinito al horizonte, hombres y mujeres establecen hitos para transitarlo. Esas son definitivamente las metas. En los textos al uso se refiere que son “el fin o el objetivo de una acción”. Como decía un viejo periodista cubano, cada meta se convierte inmediatamente en un punto de partida.

Las metas se corresponden con la dinámica sociocultural e histórica de una comunidad, independientemente de los propósitos individuales que también pesan y cobran en buena medida una importancia considerable.

Vimos –no es ocioso repetirlo—una tremenda crisis humanística, con la cual en Cuba –por ejemplo—varió dramáticamente la naturaleza de las metas de una buena parte de la gente.

Ese rompimiento nos aleja del principio martiano de hallar utilidad en la virtud. Aunque aún persiste el sueño de Luz de un sol del mundo moral, las metas ahora contemplan más a las cuestiones materiales. No obstante de que abundan los “hombres de ala” –como quería el Maestro—cada vez se extienden los “hombres de estómago”.

Fue muy importante que la Asociación Hermanos Saíz discutiera en su congreso la necesidad de revertir los modelos de éxito en la juventud. Entre las metas más acuciantes de los muchachos está el dinero, y ahí radica una de las causas de la terrible descapitalización del país.

Y si de metas hablamos, en tal caso se precisa que aprobemos la asignatura pendiente de la economía, como dijo el propio General de Ejército Raúl Castro, pero también la prioridad de enamorarnos de verdad de Cuba, reencontrarnos con esa condición inconmensurable de ser cubanos, de descubrir y amar esas claves de identidad que hacen de esta tierra la génesis de lo real maravilloso del mundo.

En el orden personal, es importante alimentar nuestros días con sueños posibles a realizar. No olvidemos que la vida puede convertirse en una extensa carrera sin relevo, por ello, cuando hablamos de proyectos, estos deben ser equivalentes a la objetividad.

No obstante, es importante proponerse crecer espiritualmente, cultivar nuevos amigos y mantener los de siempre, prepararse en el plano profesional, ser mejores personas y amar eternamente, apasionadamente nuestra obra humana: nuestros hijos, solo así se puede verificar ese progreso interior. 

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