La ruta funeraria de José Martí

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El 30 de junio de 1951 fueron trasladados los restos de José Martí al Mausoleo construido para él en el cementerio Santa Ifigenia en la ciudad de Santiago de Cuba donde descansan actualmente. La historia abriga en sus páginas una ruta funeraria que involucra a varios puntos de la geografía oriental.

El pasado19 de mayo se cumplieron 122 años de la caída en combate del   Apóstol. Y por supuesto, que Dos Ríos y el cementerio de Santa Ifigenia, ocuparon la atención principal del homenaje. Pero, como afirman en su libro los historiadores Aida Morales Tejeda y Omar López Rodríguez, existe una ruta funeraria de José Martí, que ellos califican de “piedras imperecederas”. Una ruta que se extiende durante más de una semana, y que involucra a varios puntos de la geografía oriental. 

Hostilizados por los mambises, los españoles enterraron a Martí directamente en la tierra el 20 de mayo de 1895 en Remanganaguas. Encima de su cadáver, inhumaron el cuerpo de un sargento hispano. Así, en el caso de que los cubanos dieran con el sitio, encontrarían al cuerpo de otro. Por orden del alto mando español, fue exhumado el día 23. Allí, el doctor Pablo Valencia Fors y su ayudante José Ortega Navarro, practicaron la necropsia al cadáver de Martí, ya en avanzado estado de descomposición. Un ataúd fue readaptado por el carpintero Pedro Ferrán y su ayudante Jaime Sánchez. 

Siempre asediados por los mambises, los soldados españoles llevaron los restos del Maestro por Palma Soriano y por San Luis. Arribaron a Santiago de Cuba en horas de la tarde, ya casi de noche, del día 26. Fue sepultado el lunes 27 de mayo de 1895, en el nicho 134 de la Galería Sur, del cementerio Santa Ifigenia de Santiago. Ya en la República, el 24 de febrero de 1907, los restos fueron trasladados a un sencillo templete. Luego, con el fin de construir un nuevo mausoleo, se depositaron en el Retablo de los Héroes en septiembre de 1947. El 30 de junio de 1951 fueron trasladados al mausoleo donde descansan actualmente. 

Es decir, que además de la extensa ruta funeraria, habría que denotar una curiosidad: Martí ha sido inhumado cinco veces. Y vuelvo al enterramiento,  primero en Remanganaguas. Allí quedaron el corazón y las vísceras del Apóstol. Incluso, se mantiene la costumbre de pegar el oído a la tierra para escuchar los latidos de la Patria. Martí es siembra en la oralidad de los lugareños de aquel lugar, por donde en el siglo XIX pasaba el camino real. 

Ahora, alejado de la Carretera Central y de la Autopista Nacional, Remanganaguas parece igualmente distante de la atención. Jamás será tarde para que un pueblo martiano denote aquel sitio, en cuyas entrañas quedó el corazón de Cuba, como dice literalmente el título de un documental reciente. 

La ruta funeraria señala a otros lugares, a los que usualmente no recurrimos. El monumento mismo erigido en Remanganaguas precisa de restauración. El tributo a José Martí a 122 años de su caída en combate, supone subsanar olvidos y asumir creadoramente la responsabilidad con su memoria.

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