La prensa cubana, su ruta y el horizonte

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 Los periodistas cubanos nos debemos un horizonte, y es esa meta que implica hacer la luz por encima de cualquier oscuridad. Es la capacidad de tintar este tiempo con sus matices y no con sombras, con sus hacedores de hechos cotidianos, desde su propia naturaleza.

Del recién concluido Décimo Congreso de los periodistas cubanos, me queda la necesidad de desterrar la inercia y quedarme con la capacidad de sorprender la noticia, esa que a diario transcurre ante nosotros y no siempre vislumbramos porque no se compara con el cumplimiento de un plan de producción o de un logro científico.

Es esa noticia que de simple no tiene nada, pero lleva implícita el alma y la pasión de sus protagonistas, es el altruismo de una maestra que rompe esquemas para que su clase deje una huella en los estudiantes, es esa manera inmensa en que el hogar de niños sin amparo familiar siembra amor en los pequeños que la habitan, es el médico que te mira a los ojos y te escucha cuando le refieres tus padecimiento y te realiza el examen físico, observa la mucosa de tus ojos y sin que se lo pidas te toma la presión arterial.

Todo ello más allá de lo rutinario que parezca tiene también el encanto de testifica valores, tan urgidos hoy y siempre.

El periodismo es un arte que implica poner la sensibilidad, el corazón y el talento para dar perpetuidad a la historia. Es el presente que ya en instantes será futuro. El periodismo no puede estar divorciado de la verdad, porque esta es su principal herramienta, por la que ha de empinar cada día palabras y razones.

Concluyó un Congreso que nos descubrió ávidos de hacer, dueños de esperanzas y de ideas, con insatisfacciones, sí, porque sabemos que no todo está logrado, y mientras exista una insatisfacción hay que seguir haciendo caminos. Es preciso pulir el hacer, estremecer la originalidad, poner nombres y no ocultar, no valen las omisiones, si claridad, el sentido directo, lenguaje claro y preciso.

Nos toca andar arropados de consagración, de voluntad creadora, de respeto y ética, de amor. Nos toca sabernos personas de bien, profesionales de principios que no vendemos el alma, que no tenemos precio. Nos toca recurrir al periodismo martiano, a la palabra audaz que con orgullo defienda a Cuba. Esa es la ruta, es esa que nos llevará a ese horizonte que nos debemos.

 

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