La paz y el derecho a vivir en ella

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Más allá del gris que pueda habita en el cielo están los grises que nublan la paz, esos que propician las guerras, los conflictos armados que laceran a millones de seres humanos en el mundo a los cuales se priva del derecho elemental: La vida.

A propósito de este 10 de diciembre de 2016 que signa en el calendario el Día de los Derechos Humanos, fecha que insta a ser responsables con los derechos de todos, sin distinción de raza, credo, discapacidad, sexo, orientación sexual, edad y clama por la defensa de refugiados y migrantes y de aquellos que puedan ser discriminados o sufrir actos violentos, se alzaron voces en San José de las Lajas para abogar por el respeto a la humanidad.

Para quienes vivimos en la mayor de las Antillas, el sueño aun de millones de seres humanos en el planeta aquí es una realidad. El derecho a la educación, a la asistencia médica, a una vejez segura, el derecho de las mujeres a trabajar y desempeñar cualquier oficio, profesión, la garantía de la niñez a un desarrollo sano y feliz y el amparo a la juventud y la promoción de su protagonismo constituyen metas resueltas que se inscriben en la más genuina obra de este país: su Revolución.

Hace más de medio siglo que la historia reconoce en sus páginas el latir de Cuba, país bloqueado, tercermundista, pero que hace más de 50 años libró una campaña contra el analfabetismo, y hoy figura entre los países de menor tasa de mortalidad infantil, objetivos trazados en el Programa del Moncada.

Más allá del elíxir que embriaga a los que no descansan en torcer discursos y envenenar vocablos para arremeter contra Cuba, está la vida misma en este archipiélago que a diario despierta con la perspectiva de preservar los derechos que alcanzaron la luz el primer día de 1959.

Seguiremos perseverantes en nuestros sueños de un futuro y un mundo mejor, insistiremos en la unidad y el amor como vías legitimas para cumplir cada meta. Abogamos y abogaremos por la distinción del ser humano, y no por su extinción, sembraremos las ideas más fértiles para multiplicar el bien, amparar a los desprotegidos y compartir lo que tenemos inspirados siempre en la prédica martiana “Con todos y para el bien de todos”.

Sean todos los días, un motivo para la reflexión, un llamado a la defensa del derecho de la humanidad a vivir sin temor, sin recriminaciones. Hagamos de este mundo interconectado una razón para defender la vida, que la esperanza no sea solo un vocablo impregnado en poesías y canciones sino que sea el preámbulo de la realización del sueño mayor: La paz y el derecho a vivir en ella.

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