La homosexualidad y la familia

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La Organización Mundial de la Salud cambió una percepción milenaria, cuando anunció el 17 de mayo de mil 990 que la homosexualidad no era una enfermedad. Esa decisión tendría sin falta una implicación directa en la familia. 

Padres y madres que en otro tiempo llegaban a consulta para revertir una ruta presuntamente equivocada de alguno de sus hijos, atribuida a posibles desarreglos psicológicos y hormonales, debían atenerse a una realidad totalmente distinta: era una preferencia sexual diferente. 

Al inicio se habló de la necesidad de que la familia fuera tolerante. El término ciertamente debe cambiar. Hablar de tolerancia supone que la homosexualidad sea de todas formas una aberración, a la que no hay más remedio que aguantar. Y esa no era la idea. El asunto implica respeto a la diversidad, algo que en el fondo resulta muy difícil de asumir por muy cercanos que sean los vínculos de sangre. 

Está claro que la percepción dentro del hogar no es igual a la existente en 1990, pero sería ir demasiado lejos imaginar que aquellos puntos de vista avalados por una tradición cultural de miles de años, hayan cambiado radicalmente. 

Por eso, no sorprenden expulsiones del seno familiar de hijos y de hijas, que decidieron enfrentarse a la autoridad de padres y de madres, y defender su singularidad. Aún subsiste la simulación: muchachas y muchachos homosexuales establecen relaciones heterosexuales para complacer a sus progenitores, con las consiguientes implicaciones de todo tipo, psicológicas incluidas.  

Aquella decisión de la Organización Mundial de la Salud, infiere en sí misma una transformación de la perspectiva familiar. La consulta estaría a partir de entonces a la disposición de todos, para enfrentar al problema con las mejores herramientas científicas, sin temores ni prejuicios. 

El sistema cubano de salud cuenta por suerte con la información y el personal competente para evitar que la homosexualidad sea un trauma allí donde el género humano concibió los mejores lazos de fraternidad y de amor.

 

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