La Granjita Siboney, un sitio pleno de historia

Para quienes nacimos en Santiago de Cuba, existen sitios que uno lleva muy prendados al alma; son esos lugares que nunca se olvidan y que forman parte de esos recuerdos que se convierten en huéspedes perpetuos de la memoria.La Granjita Siboney es uno de ellos.

Fui la primera vez con mis padres cuando aún no sabía leer ni escribir, pero ambos quisieron acercarme a ese sitio poblado de tanta historia. Regresé cuando tenía 11 años con mis compañeros de aula y la maestra, una ferviente martiana que cada día nos regalaba un pensamiento del apóstol o un pasaje de su vida.

Desde entonces la visita a la Granjita se volvió una constante y cada año llegábamos a aquel lugar donde las huellas del pasado testificaban con exactitud los acontecimientos que precedieron el 26 de julio de 1953.

Ha pasado el tiempo, ya no vivo en mi ciudad natal, pero la Granjita Siboney sigue ahí en la memoria. Hablar de ella me permite recorrer cada uno de sus espacios desde mis recuerdos, en los que afloran aquellos jóvenes intrépidos y soñadores que guiados por Fidel decidieron luchar por la libertad a cualquier costo. Y en esa hermosa casa, pintada de blanco y rojo está alojada por siempre la impronta de una generación que decidió salvar el destino de Cuba.

Por la carretera de Siboney, la misma que conduce a la playa del mismo nombre, en el kilómetro 131/2, está la casona, convertida hoy en Museo, que aguarda documentos, rifles de tiro deportivo, algunos uniformes, objetos personales de los asaltantes, llaves de automóviles,  casquillos y balas de los empleados en las prácticas y el combate respectivamente.

A través de sus salas expositoras los visitantes pueden acercarse a un hecho que demostró la voluntad de continuar la lucha por la libertad definitiva.

Cada espacio tiene en sí un poco de historia, de recuerdos que sobrepasan el tiempo. Allí germinó la esperanza de un futuro mejor para la patria. Allí una generación decidió despertar la mañana de la santa Ana con el anuncio de no claudicar jamás. Allí una generación juró no dejar morir al maestro en el año de su centenario.

Por favor valore el artículo

Artículos relacionados

Deje su respuesta

avatar
  Subscribir  
Notificar