La Edad de Oro, valioso tesoro

mgonzalez@enet.cu

Un buen día, allá en mi tierra natal Santiago de Cuba, mi padre me sorprendió con un regalo.  Ponía en mis manos un libro que a él le entregó su padre cuando aprendió a leer y escribir.

Ya tienes edad para que tengas este tesoro me dijo, y me sugirió cuidarlo para que yo pudiera hacer lo mismo después. Aquel libro que para siempre ha marcado mi vida es La Edad de Oro, de José Martí.

 Llegué a él con la curiosidad primera de saber por qué era un tesoro y con la sugerencia de leer, hábito que desde entonces me ha acompañado en ese tiempo que aguarda y presume de mostrar a un libro como una excelente compañía.

 Desde la dedicatoria, me supe agasajada,  descubrí un mensaje que me devolvió a un Martí muy cercano, a un  maestro que disponía la virtud como ruta para ese camino que estaba ante mí.

 En los cuentos, poesías y ensayos de La Edad de Oro aprecié valores, sensibilidad, humanismo y mucho amor; acogí a personajes que quedaron para toda la vida prendados a mi corazón de niña primero y después de mujer que sabe cuán importante es el decoro y la justicia.

 José Martí, desde es mirada que lo hace inmenso cautiva con la perspectiva de llenar nuestras tierras de hombres originales, sugiere desde la lección más pura la búsqueda de conocimientos y regala hermosos escritos que despiertan el interés por ser mejores personas.

 Hace 124 años que vio la luz La Edad de Oro, publicación  mensual escrita en forma conversacional, que me sorprendió y aún me sorprende, que me detiene una y otra vez en sus páginas, en la delicadeza y el esmero de quien precisó en la niñez la esperanza del mundo.

 Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto. Sin las niñas no se puede vivir, como no puede vivir la tierra sin luz. El niño ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser hermoso: el niño puede hacerse hermoso aunque sea feo; un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso. Pero nunca es un niño más bello que cuando trae en sus manecitas de hombre fuerte una flor para su amiga, o cuando lleva del brazo a su hermana, para que nadie se la ofenda: el niño crece entonces, y parece un gigante: el niño nace para caballero, y la niña nace para madre. Este periódico se publica para conversar una vez al mes, como buenos amigos, con los caballeros de mañana, y con las madres de mañana; para contarles a las niñas cuentos lindos con que entretener a sus visitas y jugar con sus muñecas; y para decirles a los niños lo que deben saber para ser de veras hombres.(1)  

 La Edad de Oro empezó a publicarse en julio de 1889 en Nueva York e irrumpe en este siglo con un mensaje escrito desde entonces para hoy y mañana, en el que José Martí a través de cuentos, versos y artículos instructivos  brinda instrucción e incentiva valores.

 Todos los días de mi vida recuerdo a mi padre que ya no está, y una y otra vez me descubro hojeando aquel preciado tesoro, aquel libro que un buen día puso en mis manos y compartió conmigo como antes lo hizo su progenitor.

Hoy, en manos de mi hija, aquel libro con sobradas señales del paso del tiempo, habita en mi hogar como esa joya que anida también en el corazón.

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