La carta testamento de José Martí

Martí advirtió a sus hermanos sobre la amenaza del águila de William Walker y de Narciso López. El uno, el filibustero, desanduvo por Nicaragua. El otro, aventurero al servicio de los esclavistas del Sur de los Estados Unidos, no albergaba realmente sueños de patria para Cuba. Y aquella alerta del Apóstol cobra asombrosa coincidencia cuando escribe lo que sería su testamento político. Su verbo encendido, deviene llama nueva en la confesión sincera y transparente. Pide estar atentos, aunque desestima a la actividad anexionista, “menos temible por la poca realidad de los aspirantes”.