José Martí: “La música es la más bella forma de lo bello”

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Cada vez se extiende más por el mundo la idea de celebrar el 21 de junio la Fiesta Mundial de la Música. En definitiva, es el lenguaje de amplísimas posibilidades para ser compartido, entendido y significado.

 

El 21 de junio es el día más largo del año. El solsticio de verano en el hemisferio norte concibe una jornada extendida para celebrar el suceso más raigal y constitutivo entre las artes y la cultura.  Muchos estetas afirman que el hombre no hizo la música, sino que más bien fue lo contrario, que la música creó al ser humano.

Del Maestro nos llega otro mensaje, de convicción poética desde la mejor construcción de la honestidad: “La música es la más bella forma de lo bello”. Para un alma tan sensible, desde la certidumbre de un siglo cada vez más lejano, la música ha de encargarse en todo caso de significar  jerarquías artísticas y a cristalizar el código de cada cultura.

El gusto musical puede exponer la vocación personal, las exactas profundidades y alturas de una personalidad.  De tal suerte, reúne tanto la responsabilidad ética de los creadores, como los valores placenteros.

Suelen afirmar las referencias al uso, que Cuba es el tercer exportador de música en el mundo, solo la superarían en ese sui generis renglón Estados Unidos y Brasil, dos gigantes inobjetables. Esto le condicionaría en situaciones normales un papel sumamente protagónico y fundador.

La Fiesta de la Música en el planeta se verifica fundamentalmente de dos maneras: pidiéndole a los músicos aficionados una mayor y mejor concurrencia en las calles, realizando conciertos gratuitos para que el público vea a sus artistas. El 21 de junio cristaliza una jornada por la música, uniendo y reuniendo, enamorando cual Cupido, porque resulta una manifestación interactuar entre dos.

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